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| BOLETIN DE NOTICIAS LITERARIAS - Octubre 29/ 2008 - № 08 - vol. 2 - Año 6 - New York, NY. USA. |
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El ser humano siempre esta actuando, su pensamiento y su obra son sus huellas |
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El poeta colombiano Jotamario Arbeláez Recibió Galardón del gobierno venezolano
Jotamario
Arbeláez
viajó
el
miércoles
29 de octubre a
Venezuela
a recibir
el diploma
Honorifico
y los cien mil dólares estipulados en las bases
de
El libro de poemas "Paños
Menores", que octuvo el galardon
Paños menores, o la ropa se asoleaen los tendederos a la vista de todos
por Sergio Mondragón
Nada es para siempre
Cierta crítica literaria latinoamericana de cortos alcances ha querido ver en el movimiento nadaísta colombiano solamente actitudes radicales de irreverencia, provocación y rebeldía, uniformidad en el estilo de los poemas de los miembros del grupo, “nada, o muy poco más”; una critica injusta, desinformada y reduccionista, que ha hecho de la palabra “nadaísmo” un sinónimo de negación pura, lo que ha dejado maliciosamente fuera de su ámbito impreciso incluso a la poesía misma. Se pasa por alto que el movimiento dejo varios nombres de poetas y poemas memorables, entre estos últimos una pequeña obra maestra de las letras hispanoamericanas: el poema “Los inadaptados no te olvidamos, Marilyn”, de Jotamario Arbeláez, pieza de escasos medio centenar de versos y versículos apasionados en los que se entrelazan el amor, el dolor, la indignación y la denuncia, y que se encuentran emparentados en este sentido con el poema emblemático de la nueva poesía hispanoamericana que es “El cántaro roto” de Octavio Paz, y con “Kaddisch”, canto fúnebre de Allen Ginsberg por su madre; un poema que por filiación icnográfica y simbólica puede inscribirse también en la actualidad atemporal del pop-art. Una crítica –la que se le hace al dadaísmo- que mira perezosamente en otra dirección cuando se trata de abordar y comprender la poesía que escribieron e iniciaron en su país (y siguen escribiendo) estos poetas colombianos.
El nadaísmo se dio en el contexto de la ruptura que marco el rostro del arte y la poesía hispanoamericana y estadounidense desde el comienzo de la segunda mitad del siglo XX. Una herida fresca y de consecuencias todavía actuantes en el quehacer artístico contemporáneo que, en el caso de Colombia, fue, entre otras cosas, el gesto de solidaridad de aquel puñado de potas iracundos y audaces con las mejores causas latinoamericanas. Una voz que se alzó en contra de la violencia que asolaba y sigue asolando fratricidamente a aquel país (y al mundo). Su manifiesto de 1958 es una pieza literaria ejemplar, un estallido de imaginación, humor negro y sintaxis devastadora y bulliciosa: velocidad de lenguaje, verdad artística, indignación moral. Critica del mundo y sus valores como lo ha edificado una política rapaz y antihumana, una irracionalidad particularmente hostil a la labor artística y que desdeña con indiferencia y desconfianza la creación y la persona del poeta; y también una afirmación de fraternidad y de fe en los designios y caminos de la amistad y la poesía en una misiva de 1963[1] dirigida a los nuevos poetas hispanoamericanos, Gonzalo Arango, fundador del movimiento, decía: “Ahora que estamos aquí y en todas partes, y que estamos contentos de ser americanos y estar vivos, vamos a dialogar y a poetizar sobre lo que es digno y sobre lo que envilece. Somos pocos contra una gran ignominia heredada, pero no estamos solos, y de un corazón a otro, de uno a otro territorio, nos podemos saludar, darnos los buenos días y elegir el mundo que queremos.” ¿Prédica del nihilismo y la violencia y nada más? Pero no se trata de hacer aquí una defensa o apología del nadaísmo, cuyos logros artísticos y morales no necesitan ni lo uno ni lo otro y han hablado por si mismos. A demás, ¿a cuál de sus poetas le importaría, poco, mucho? Han soplado los vientos de las diez direcciones, han diseminado las semillas, unas germinaron, otras fueron devoradas y ya sirven de abono o de adorno (es la crítica de las aves) en las cabezas de no pocos furtivos lectores a la sombra de los parques.
Y ahora ondean los Paños menores de Jotamario Arbeláez, cofundador del nadaísmo a la intemperie de la lengua hispanoamericana, publicados en México en este 2006 por las ediciones de la revista alforja, y una sonrisa irónica y festiva, ora dulce o amarga, campea en todos los renglones de nuestra poesía; por que éste es un libro saturado de humor y amor en toda la extensión de su vuelo de altura de altura sobre el panorama de la vida del poeta. Una especie de Pasado en claro en clave de sol y contrapunto de lluvia: escritura que es conciencia de la vida como juego, aventura, representación, alegría sin culpa por estar vivos (y no avergonzarse de ello), realidad del gran teatro del mundo, que le permite a Jotamario reírse de si mismo y del mundo.
[1] Carta publicada en el núm 10 de la revista El Corno Emplumado, México, abril de 1964. |
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