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Nació el 17 de septiembre de 1580 en Madrid en el seno de una
familia de la aristocracia cortesana. Era el tercero de los cinco
hijos de Pedro Gómez de Quevedo, que ocupó cargos palaciegos, y de
María de Santibañez. Quevedo perdió a su padre a la edad de seis
años, quedando bajo la tutela de su tío don Agustín de Villanueva,
del Consejo de Aragón. Físicamente sufría una leve cojera por
deformación de los pies y su exagerada miopía lo obligaba a llevar
anteojos. Cursó sus estudios en el colegio de la Compañía de Jesús
en Madrid y en la Universidad de Alcalá (Madrid); Cuando abandonó
esta primera formación, estudió teología en la Universidad de
Valladolid (1601-1606), pues allí se había desplazado la Corte. En
1606 se translada a Madrid en busca de éxito y fortuna a través del
duque de Osuna que se convierte en su protector; también entabla un
pleito por la posesión del señorío de La Torre de Juan Abad, pueblo
de la provincia de Ciudad Real, en el que hasta 1631 gastó una gran
fortuna y muchas energías. Se inició en el mundo de la literatura
con obras satíricas y burlescas como La vida del Buscón llamado don
Pablos, Los Sueños (1605-1622) cinco piezas cortas basadas en los
desengaños que padeció en esos años. Estas obras fueron publicadas
en 1631 bajo el título de Juguetes de la niñez y travesuras del
ingenio con un prólogo en el que arremetía contra los editores
piratas y declaraba la intención de estos escritos en los que
pretendía denunciar los "abusos, vicios y engaños de todos los
oficios y estados del mundo".
De
su poesía, se puede decir que se conservan de él casi un millar de
poemas, pero sabiendo que nunca se preocupó por editarlos y que los
conservados proceden de personas próximas a él, es de suponer que
escribió muchos más. Cuando falleció, aparecieron en dos volúmenes
Parnaso español (1648), compilado por su amigo José Antonio González
de Salas, y Las tres musas (1670), llevado a cabo por su sobrino
Pedro Aldrete Quevedo y Villegas.
Cierta noche que el literato español transitaba por la plazuela del
Ángel de Madrid escuchó sonoros gritos de espanto y furiosos
ladridos de perros. Rápidamente saca la espada, se pone en guardia y
siente una tremenda embestida y algo que se le clava en su broquel.
A bulto, pues su vista no es muy buena, asesta estocada tras
estocada. Se escuchan unos aullidos de dolor y los testigos de la
escena que se habían escondido salen a felicitarlo. A la luz de los
hachones el poeta descubre a una pantera escapada de la casa de un
embajador. Comentó que de haber sabido quién era su atacante no se
habría sentido tan entero.
Visita Italia en 1613 al ser requerido por el duque de Osuna,
entonces virrey de Nápoles, el cual le encarga importantes y
arriesgadas misiones diplomáticas con el fin de defender el
virreinato que empezaba a tambalearse; entre éstas intrigó contra
Venecia y tomó parte en una conjuración. En 1620 el duque de Osuna
fue derrotado, por lo que Quevedo fue desterrado en La Torre (1620),
encarcelado en Uclés (1621) y, por último, desterrado de nuevo en La
Torre. En 1634 contrajo matrimonio con Esperanza de Mendoza, aunque
este matrimonio no le llenó de satisfación y la abandonó al poco
tiempo. De nuevo se siente tentado por la política, pues ve el
desmoronamiento que se está cerniendo sobre España y desconfía del
conde-duque de Olivares, valido del rey, contra quien escribió
algunas diatribas amargas. Debido a un asunto sobre una conspiración
con Francia, es en 1639 detenido y encarcelado en San Marcos de
León, donde las duras condiciones mermaron su salud. Le ponen en
libertad en 1643, ya no tiene fuerzas para seguir adelante, por lo
que se retira a La Torre para después instalarse en Villanueva de
los Infantes donde el 18 de septiembre de 1645 fallece.
A una nariz
Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Erase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.
Erase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.
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