|
Nacido el 17 de
febrero de 1836 en Sevilla, hijo de un célebre pintor del
costumbrismo sevillano y hermano de otro, Valeriano. Bécquer era el
segundo apellido de su padre. Estudió en el colegio de San Antonio
Abad, para luego pasar a tomar la carrera náutica en el colegio de
San Telmo. En 1854 después de quedarse huérfano se translada a
Madrid. Intentó dedicarse a la pintura y estuvo sirviendo de
escribiente en la Dirección de Bienes Nacionales, donde su habilidad
para el dibujo era admirada por sus compañeros, pero fue motivo de
que fuera cesado al ser sorprendido por el Director haciendo dibujos
de escenas de Shakespeare. Decide dedicarse a la literatura y sufre
la pobreza mientras colabora en periódicos de poca categoría.
Posteriormente entra en "El Contemporáneo" donde publicó crónicas
sociales, algunas de sus Leyendas y los ensayos costumbristas Cartas
desde mi celda. En 1864 consiguió un cargo muy bien pagado, censor
oficial de novelas. Hacia 1867 escribió sus famosas Rimas y la
Revolución de 1868 hizo que se perdiera el manuscrito y el poeta
tuvo que preparar otro. Tuvo tres hijos y se separó de su mujer en
1868. Falleció el 22 de diciembre de 1870 a causa de tuberculosis
agravada por una profunda depresión.
Algunas rimas:
Los suspiros son aire y van al aire!
Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día....
ésas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
¡así no te querrán!
¡Quién fuera luna,
quién fuera brisa,
quién fuera sol!
..................
¡Quién del crepúsculo
fuera la hora,
quién el instante
de tu oración!
¡Quién fuera parte
de la plegaria
que solitaria
mandas a Dios!
¡Quién fuera luna
quién fuera brisa,
quién fuera sol! ...
* |