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Nació en
Medellín (Badajoz), sus padres fueron Martín Cortés y a Catalina
Pizarro. Aprendió el oficio de escribano en Valladolid.
Contaba
19 años, cuando se embarcó con rumbo a Santo Domingo, en donde actuó
como escribano en la villa de Azua. Acompañó a Diego Velázquez en
1511 en la conquista de Cuba. Fue luego secretario del mismo y más
tarde alcalde de Santiago de Baracoa. A pesar de que tuvo
dificultades con Diego Velázquez, al casarse en 1514 con Catalina
Juárez Marcaida, logró que él fuera su padrino. Esta relación, así
como el conocimiento de las capacidades de Cortés, propiciaron que,
después de las dos expediciones a la tierra firme de lo que hoy es
México, las capitaneadas por Francisco Hernández de Córdoba y Juan
de Grijalva, confiara el gobernador Velázquez a Cortés la
organización de una tercera expedición.
El gran
interés que puso Cortés en la preparación de lo tocante a la Armada
que iba a capitanear, despertó en Diego Velázquez sospecha de
traición. Sin embargo, no pudo impedir que el 18 de febrero de 1519
zarpara llevando 11 navíos, más de 500 soldados, cerca de 100
marineros, 16 caballos, 14 cañones, 32 ballestas y 13 escopetas.
Pocos días después llegó a la isla de Cozumel, de la que los
indígenas se habían retirado. Entrando al fin en contacto con
algunos, inquirió acerca de los náufragos españoles que sabía se
hallaban cautivos en las tierras cercanas. Para sorpresa general,
apareció entonces Jerónimo de Aguilar que habría de convertirse en
inapreciable colaborador de Cortés, gracias a su conocimiento de la
lengua maya. A través de él se supo que el otro náufrago
sobreviviente, Gonzalo Guerrero, no había querido salir al encuentro
de los españoles.
Las
embarcaciones de Cortés costearon luego los litorales de la
península de Yucatán hasta el río de Tabasco que se conoció ya como
Grijalva. En el pueblo de Centla, en Tabasco, ocurrió el primer
enfrentamiento bélico con los indios. Consumada la victoria de
Cortés, los señores mayas agasajaron a los españoles haciéndoles
entrega de veinte jóvenes mujeres entre las que estaba la célebre
Malintzin o Malinche. Esta última fue entregada a Alonso Hernández
Portocarrero.
Continuando la navegación, llegó Cortés a la región conocida como
Chalchicueyecan ('el lugar de la diosa de la falda de jade'), en
donde el Viernes Santo de 1519 hizo la fundación de la Villa Rica de
la Veracruz. Cortés, decidido a romper toda relación de obediencia
con Diego de Velázquez, creó el cabildo de esa Villa Rica, el cual a
su vez lo nombró capitán general y justicia mayor. Acerca de esto
informaría él muy pronto al emperador Carlos V (Carlos I de España).
De este modo su única vinculación iba a ser ya con la Corona.
Estableció luego Cortés contacto con indígenas totonacas en Zempoala.
Recibió también una primera embajada de Moctezuma con grandes
presentes de joyas, oro, plumajes y varios atavíos. Según los
testimonios indígenas que se conservan, Moctezuma, hondamente
preocupado por las noticias que le llegaban de las costas del Golfo,
pensó que los recién venidos eran Quetzalcóatl y otros dioses que lo
acompañaban. Nuevamente envió mensajeros que llevaron, entre otras
cosas, dos grandes discos, uno de oro y otro de plata artísticamente
trabajados. Esos mensajeros regresaron a México-Tenochtitlán y
refirieron a Moctezuma todo lo que habían visto. El señor de los
aztecas (mexicas) se sumió entonces en profunda consternación.
Hernán
Cortés dispuso una embajada que debía zarpar con rumbo a España. Se
redactó entonces la que se conoce como Carta del Cabildo, fechada el
10 de julio de 1519. En ella se hace saber a Carlos V que el dicho
cabildo ha nombrado a Cortés capitán general y justicia mayor. Dos
semanas después se embarcan los enviados de Cortés, yendo como
procuradores Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo.
Llevaron consigo presentes para el emperador, entre ellos algunos
códices indígenas. Poco después Cortés ordena el desmantelamiento de
sus naves. A mediados de agosto de ese mismo año emprende su salida
hacia el interior de México.
Dejando
en la Villa Rica de la Veracruz al Ayuntamiento que había fundado,
salió con 400 peones, 15 jinetes, 6 piezas de artillería, así como
varios centenares de indígenas que llevaban los alimentos y la
impedimenta. Después de cruzar la sierra, se aproximó a la región
tlaxcalteca. Valiéndose de un grupo otomí sometido a ellos, los
tlaxcaltecas pusieron a prueba la fuerza militar de los españoles.
Al ver cómo los otomíes eran fácilmente vencidos, quedaron
persuadidos de que esos blancos barbudos eran mucho más poderosos.
Decidieron entonces aliarse con ellos con la esperanza de derrotar
así a sus antiguos enemigos, los señores de México-Tenochtitlán. A
fines de septiembre de 1519 los españoles entraban en la capital de
los tlaxcaltecas, Ocotelulco, quedando desde entonces como aliados.
Procedió
luego su avance Cortés hacia la metrópoli de los mexicas. Al pasar
por la gran ciudad de Cholula, sometida entonces al poderío mexica,
según las crónicas españolas se descubrió una traición de sus
habitantes dirigida a dar muerte a los españoles. Según las crónicas
indígenas, la traición fue perpetrada en realidad por los mismos
españoles y los aliados indígenas. El hecho es que allí tuvo lugar
una matanza de indígenas por orden de Hernán Cortés.
El 8 de
noviembre de 1519, después de atravesar los volcanes, Cortés y su
gente hicieron su primera entrada en México-Tenochtitlán, llegando
por la calzada de Iztapalapa que unía a la ciudad con la ribera del
lago por el sur. Alojados en los palacios reales, pudieron
percatarse de la grandeza y poderío de la ciudad. Moctezuma, que los
recibió como huéspedes, pronto se convirtió en su prisionero. En
mayo de 1520 llegó Pánfilo de Narváez a la región de Zempoala,
enviado por el gobernador de Cuba para deponer y hacer preso a
Cortés. Este salió de México-Tenochtitlán para hacerle frente y
derrotó a Narváez en Zempoala. Esto le permitió acrecentar el número
de sus hombres, ya que muchos de los que venían con Narváez se
pasaron a sus filas. En tanto que Cortés había estado fuera, Pedro
de Alvarado acometió súbitamente a los mexicas durante la gran
fiesta de Tóxcatl, en honor de su dios Huitzilopochtli. Los textos
indígenas que hablan de ese episodio son en verdad dramáticos.
Al
regresar Cortés a la ciudad, la encontró en grande agitación.
Consideró él entonces que lo mejor era salir de ella a ocultas. Fue
entonces cuando perdió la vida Moctezuma. Según unos, al tratar de
apaciguar a los mexicas, le lanzaron éstos varias pedradas, una de
las cuales lo hirió en la cabeza; según otros, a mano de los
españoles que le dieron más de una cuchillada en el bajo vientre. La
noche del 30 de junio de ese año Cortés y sus hombres con gran
sigilo abandonaron la ciudad. Los mexicas, que dieron la voz de
alarma, los acometieron con furia. Los españoles perdieron entonces
más de la mitad de sus hombres así como todos los tesoros de que se
habían apoderado. Esta derrota se conoce con el nombre de 'la noche
triste'.
Los
conquistadores marcharon en busca del auxilio de sus aliados
tlaxcaltecas y no fue sino hasta casi un año después, es decir el 30
de mayo de 1521, cuando dieron principio al asedio formal de la
ciudad de México-Tenochtitlán. Para ello concentró Cortés más de
80.000 tlaxcaltecas y reforzó sus propias tropas con la llegada de
otras varias expediciones a Veracruz. Desde fines de abril de ese
mismo año había botado al agua trece bergantines que jugaron un
papel muy importante en el asedio de la isla donde se erigía la
ciudad.
Las
crónicas indígenas hablan de la elección del señor Cuitláhuac como
sucesor de Moctezuma y de la epidemia de viruelas en la que murieron
él y otros muchos. También describen con pormenor la nueva elección
y actuaciones del joven príncipe Cuauhtémoc. Unos y otros, los
cronistas españoles e indígenas, refieren luego lo que fueron el
asedio y la resistencia indígena a lo largo de casi ochenta días de
sitio. El 13 de agosto de 1521 cayó la ciudad México-Tenochtitlán en
manos de Hernán Cortés que aprisionó al joven Cuauhtémoc. Cortés se
establece entonces en Coyoacán, en tanto que se procedía a la
reconstrucción de la ciudad de México concebida con nueva planta al
modo renacentista. Su mujer, Catalina Juárez Marcaida, llega
procedente de Cuba y unos meses después muere misteriosamente en
Coyoacán. En agosto del mismo 1523 desembarcan los tres franciscanos
flamencos, Pedro de Gante, Juan de Tecto y Juan de Ayora. Enterado
Cortés de que Cristóbal de Olid, enviado suyo a la región de las
Hibueras, se había rebelado, dispuso entonces una expedición para
someterlo. Abandonó Cortés la ciudad de México en 1524 dejándola al
cargo de varios oficiales reales los que, además de reñir entre sí,
cometieron numerosos atropellos. Cortés, tras una expedición llena
de sinsabores e inútil porque, al llegar a las Hibueras ya había
muerto Cristóbal de Olid, regresó a la ciudad de México hacia
mediados de 1526.
Casi
simultáneamente recibió una orden de Carlos V para que enviara una
armada hacia las Molucas en auxilio de las que, zarpando desde
España habían llegado a esas islas. Coincidió todo esto con la
venida del juez Luis Ponce de León para tomar juicio de residencia a
Cortés. Muerto poco tiempo después, se hizo cargo del juicio Marcos
de Aguilar. Éste falleció asimismo en pocos días. Cortés, que tenía
ya en construcción varias embarcaciones, despachó tres con rumbo a
las Molucas y a las órdenes de Álvaro de Saavedra Cerón, su primo,
para auxiliar a la armada de fray García Jofre de Loaisa. Esa armada
zarpó de Zihuatanejo el 31 de octubre de 1528. Uno de los barcos de
la misma llegó a las Molucas.
Gobierno
de Cortés
Entrado
ya el año siguiente, y obedeciendo instrucciones de Carlos V, Cortés
emprendió un viaje a España. Llegó al puerto de Palos y tras pasar
por Sevilla, Medellín y el monasterio de Nuestra Señora de
Guadalupe, se entrevistó con el emperador en Toledo. Aunque no
recobró el gobierno de la Nueva España, obtuvo al menos el título de
marqués del Valle de Oaxaca, así como 22 villas y 23.000 vasallos.
Casado con doña Juana de Zúñiga, hija del conde de Aguilar, regresó
a México hacia mediados de 1530.
La Nueva
España se encontraba entonces en grande agitación debido a los
desmanes de Nuño Beltrán de Guzmán que había sido nombrado
presidente de la primera Audiencia. Cortés tiene que hacer frente a
los de dicha audiencia que le impiden la entrada a la capital.
Hallándose en Tezcoco, su madre Catalina Pizarro, que había venido
con él, terminó allí sus días. Un año después, se instaló una
segunda Audiencia con Sebastián Ramírez de Fuenleal como presidente
de la misma.
Con base
en las capitulaciones que había celebrado durante su estancia en
España, Cortés emprende en 1532 una serie de expediciones en el mar
del Sur (océano Pacífico). A mediados de ese año envía dos naves al
mando de Diego Hurtado de Mendoza, sin alcanzar resultado alguno. El
propio Cortés dirige personalmente en Tehuantepec la construcción de
otras naves en el astillero que allí tiene establecido. El año
siguiente zarpan otras dos embarcaciones desde el puerto de Santiago
en Colima. Una de ellas, al mando Juan de Grijalva, descubre las
islas Revillagigedo. La otra, al frente de la cual iba Diego
Becerra, tras un motín a bordo, alcanzó a llegar al extremo sur de
la Baja California. Allí la mayor parte de los que iban a bordo
perdieron la vida en un enfrentamiento con los indios.
Últimos
años
Porfiando con la fortuna, según la expresión de su mujer doña Juana
Zúñiga, emprendió Cortés en 1535 una tercera expedición yendo
personalmente al frente de ella. Fundó entonces una pequeña colonia
en la bahía de la Paz, que designó como de la Santa Cruz. Más de un
año después regresó a México sin haber alcanzado cosa alguna en esa
tierra que más tarde se llamó California. Incansable, envió luego
dos naves con rumbo al Perú para auxiliar a Francisco Pizarro que se
encontraba sitiado en Lima. En 1537 dio principio a una ruta de
comercio marítimo, desde el puerto de Huatulco hasta Panamá y Perú.
En 1539 despachó su cuarta expedición al Mar del Sur. Encomendó esta
empresa al capitán Francisco de Ulloa que penetró hasta la
desembocadura del río Colorado y, regresando hasta el extremo sur de
la península, remontó por el Pacífico hasta más allá de la isla de
Cedros. Como lo muestra la cartografía universal, que se producía
entonces, gracias a las expediciones de Hernán Cortés comenzó a
conocerse mejor el perfil geográfico de los litorales del Pacífico
norte del Nuevo Mundo.
Para
hacer defensa de sus derechos, Cortés emprendió nuevo viaje a
España. Entre otras cosas dirigió allí un memorial a Carlos V
quejándose de los agravios que, en su opinión, había recibido del
primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza. Los restantes
años de su vida que transcurrieron todos en España fueron para
Cortés tiempo difícil en que se vio envuelto en una serie de
litigios y agobiado por el nunca terminado juicio de residencia.
Con
intención de regresar a México, llegó a Castilleja de la Cuesta,
cerca de Sevilla. Allí poco antes había dictado su testamento.
Falleció en 1547 a la edad de 62 años. Le sobrevivieron su mujer,
sus hijos Martín y Luis, así como el otro Martín que había tenido
con la Malinche, y María, Catalina y Juana nacidas de su esposa,
además de otros tenidos también fuera de matrimonio, como aquella
doña Leonor, nacida de doña Isabel de Moctezuma.
El
primer entierro de Cortés fue en la iglesia de San Isidoro del Campo
en Sevilla. Años después, sus restos fueron trasladados a la Nueva
España y enterrados en la iglesia adjunta al convento de San
Francisco en Tezcoco. De allí pasaron a la Capilla Mayor del
convento de San Francisco en la ciudad de México. Su último reposo
lo alcanzó en la iglesia de Jesús Nazareno, contigua al Hospital de
Jesús fundado por él. En la actualidad se conservan en una urna
colocada en un nicho en el muro del costado del Evangelio. Numerosas
son las biografías que se han escrito acerca del conquistador de
México. Algunos lo han considerado un villano y otros un héroe.
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