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Nació en Halicarnaso (hoy Bodrum, Turquía), de donde estuvo exiliado
hacia el 457 a.C. por conspirador contra Persia. Viajó por Asia
Menor, Babilonia, Egipto y Grecia. Sobre el 447 a.C. llegó a Atenas
y consigue la admiración de personajes destacados como Pericles. En
el 443 a.C. se instaló en la colonia griega de Turios (Thurioi),
fundada en el sur de Italia por iniciativa de aquél. Se dedicó el
resto de su vida a completar su gran obra, conocida como Historias,
cuyo título deriva de la palabra griega historia ('investigación',
'búsqueda'). La obra está basada en la recopilación de tradiciones
orales y escritas y en la versión directa de los hechos. Los
estudiosos de Historias la dividieron en nueve libros. Los primeros
tratan sobre las costumbres, leyendas, historia y tradiciones de los
pueblos del mundo antiguo. Los tres últimos versan sobre las guerras
entre Grecia y Persia que tuvieron lugar a principios del siglo V
a.C. y que son conocidos como las Guerras Médicas. La información de
Heródoto procede en parte de los trabajos de sus predecesores y en
parte de las observaciones que hizo durante sus extensos viajes.
Herodoto. Historia
Libro III (80-82)
80. Sosegado ya el tumulto, y pasados cinco días, los que se habían
levantado contra los magos deliberaron sobre toda la situación, y
dijeron discursos increíbles para algunos griegos, aunque los
dijeron, no obstante. Aconsejaba Otanes que los asuntos se dejasen
en manos del pueblo, y les decía así: "Es mi parecer que ya no sea
más soberano de nosotros un solo hombre, pues no es agradable ni
provechoso. Vosotros sabéis a qué extremo llegó la insolencia de
Cambises, y también os ha cabido la insolencia del mago. ¿Cómo
podría ser cosa bien concertada la monarquía, a la que les está
permitido hacer lo que quiere sin rendir cuentas? En verdad, el
mejor hombre, investido de este poder, saldría de sus ideas
acostumbradas. Nace en él insolencia, a causa de los bienes que
goza, y la envidia es innada desde un principio en el hombre.
Teniendo estos dos vicios tiene toda maldad. Saciado de todo, comete
muchos crímenes, ya por insolencia, ya por envidia. Y aunque un
tirano no debía ser envidioso, ya que posee todos los bienes, con
todo, suele observar un proceder contrario para con sus súbditos:
envidia a los hombres de mérito mientras duran y viven, se complace
con los ciudadanos más ruines y es el más dispuesto para acoger
calumnias. Y lo más absurdo de todo: si eres parco en admirarle se
ofende de que no se le celebre mucho; pero si se le celebra mucho,
se ofende de que se le adule. Voy ahora a decir lo más grave:
trastorna las leyes de nuestros padres, fuerza a las mujeres y mata
sin formar juicio; en cambio, el gobierno del pueblo ante todo tiene
el nombre más hermoso de todos; isonomía ["igualdad ante la ley"];
en segundo lugar, no hace nada de lo que hace el monarca: desempeña
las magistraturas por sorteo, rinde cuentas de su autoridad, somete
al público todas las deliberaciones. Es, pues, mi opinión que
abandonemos la monarquía y elevemos al pueblo al poder porque en el
número está todo".
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