|
Nació el
27 de noviembre de 1865 en Bogotá. Hijo de Ricardo Silva Frade y de
Vicenta Gómez Diago. En 1875 escribe su primera poesía: Primera
Comunión. Tres años después deja los estudios y trabaja con su
padre. Escribe el poema Suspiro. Viaja a París, donde conoce a
Mallarmé y a Gustave Moreau. Después se traslada a Londres y Suiza.
La guerra perjudica los negocios de su padre, y a su vuelta, se hizo
cargo del negocio comercial de la familia acabando en quiebra. Fue
secretario de legación en Caracas. Cuando regresaba, el barco en que
viajaba naufragó perdiéndose gran parte de sus trabajos literarios.
Su obra proviene del romanticismo, aunque se le considera un
antecedente inmediato del modernismo, sobre todo por su poema
emblemático, "Nocturno III". En general, su poesía tiene un carácter
de elegía. Sus obras líricas conocen una edición póstuma con El
libro de versos (1923), lo mismo que su novela De sobremesa (1925).
El 23 de mayo de 1896 acabó con su vida disparándose un tiro en el
corazón.
Nocturno
Una noche,
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Una noche,
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas
fantásticas,
A mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
Muda y pálida
Como si un presentimiento de amarguras infinitas,
Hasta el más secreto fondo de tus fibras te agitara,
Por la senda florecida que atraviesa la llanura
Caminabas,
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz
blanca,
Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban
Y eran una
Y eran una
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga...!
Esta noche
Solo; el alma
Llena de infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
Por el infinito negro,
Donde nuestra voz no alcanza,
Solo y mudo
Por la senda caminaba...
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida
Y el chirrido de las ranas...
Sentí frío. Era el frío que tenían en la alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las blancuras níveas
De las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada...
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola,
Iba sola,
¡Iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra, esbelta y ágil
Fina y lánguida,
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de
alas,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella...
¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las
almas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras
y de lágrimas...!
* |