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Nació el
17 de febrero en el Barrio Santa Cruz, de Carolina. Fue la mayor de
trece hermanos, hija de Francisco Burgos Hans y Paula García. Cursó
estudios en la Universidad de Puerto Rico. En 24 de mayo de 1933
recibe el Certificado de maestra normalista y ejerció brevemente en
un barrio de Naranjito. En 1934 contrajo matrimonio con Rubén
Rodríguez Beauchamp y en 1937 se separaron. Empezó estudios en la
Universidad de la Habana. En su poesía se refleja el feminismo, una
vida ajetreada y el amor bajo sus múltiples vertientes, a veces con
una sencillez atractiva, pero lo más común bajo la nota de un amor
altamente sensual, erótico y desgarrador. El Instituto de Literatura
Puertorriqueña le premió en 1938 y 1939 por dos de sus libros de
versos: "Poema en veinte surcos" y "Canción de la verdad sencilla".
En Cuba escribió "El Mar y Tú". Deja Cuba tras la ruptura con su
amante dominicano, el doctor Jimenes Grullón. En 1942 viaja a Nueva
York, donde trabajó en distintos oficios. Allí conoció al músico
Armando Marín. Se casaron y se trasladaron a Washington. En esta
ciudad conoció al poeta Juan Ramón Jiménez. Su mejor empleo, en
Washington lo perdió por el asalto del FBI en la oficina donde
trabajaba. En 1945 el Instituto de Literatura le otorgó el premio de
periodismo. Desde 1948 padeció de cirrosis del hígado hasta su
muerte el 6 de julio de 1953. Tras su muerte, se publicó "Obra
poética", que incluye aparte de sus libros los poemas escritos en
periódicos y revistas.
Ay, Ay, ay de la grifa negra
Poema de Julia de Burgos
Ay, ay, ay, que soy grifa y pura negra;
grifería de mi pelo, cafrería en mis labios;
y mi chata nariz mozambiquea.
Negra de intacto tinte, lloro y río
la vibración de ser estatua negra;
de ser trozo de noche, en que mis blancos
dientes relampaguean;
y ser negro bejuco
que a lo negro se enreda
y comba el negro nido
en que el cuervo se acuesta.
Negro trozo de negro en que me esculpo,
Ay, ay, ay que mi estatua es toda negra.
Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay, Ay, ay, que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza
que en los hombres, igual que en las naciones,
si el ser siervo es no tener derechos,
el ser amo es no tener conciencia.
Ay, ay, ay, los pecados del rey blanco,
lávelos en perdón la reina negra.
Ay, ay, ay, que la raza se me fuga
y hacia la raza blanca zumba y vuela
a hundirse en su agua clara;
o tal vez si la blanca se ensombrará en la negra.
Ay, ay, ay, que mi negra raza huye
y con la blanca corre a ser trigueña
¡a ser la del futuro,
fraternidad de América!
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