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Nació el
26 de enero de 1848 en el puerto de Campeche, estado de Campeche
(México). Hijo del novelista yucateco Justo Sierra O'Reilly y de
Concepción Méndez. Cursó estudios en el Liceo franco-mexicano, y más
tarde en el Colegio de San Ildefonso. Publica algunos poemas en el
periódico El Globo, en el que participa también, dentro del Consejo
de Redacción. En el periódico hizo amistad con Ignacio Manuel
Altamirano quien lo pondría en contacto con los intelectuales y
poetas del liberalismo.
En 1871
obtuvo su doctorado en Derecho. Publicó sus primeros ensayos
literarios a partir de 1868, y poco después entró en la vida
pública. En 1901 después de un largo viaje por Estados Unidos y
Europa regresa a México y es nombrado Subsecretario de Instrucción
Pública y establece los Jardines de Niños, el 16 de mayo de 1905,
logra sea creada la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas
Artes. Fue colaborador de El Renacimiento y muchos otros periódicos
donde publicó cuentos, crónicas de viaje, versos. Secretario de
Instrucción Pública y Bellas Artes durante el régimen del general
Porfirio Díaz, se convirtió, como positivista y luego como
spenceriano, en uno de los más importantes promotores de su proyecto
educativo: fundó la hoy Universidad Nacional Autónoma de México
(1910). Destacan sus ensayos Evolución política del pueblo mexicano
(1900-1902) y Juárez, su obra y su tiempo (1906). Falleció en Madrid
el 13 de septiembre de 1912. Su cadáver se llevó a México y fue
sepultado con grandes honores públicos. En el primer centenario de
su nacimiento la Universidad le declaró Maestro de América y sus
restos fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres.
PLAYERA
Baje a
la playa la dulce niña,
perlas
hermosas le buscaré,
deje que
el agua durmiendo ciña
con sus
cristales su blanco pie . . .
Venga la
niña risueña y pura,
el mar
su encanto reflejará
y
mientras llega la noche oscura
cosas de
amores le contará.
Cuando
en levante despunte el día
verá las
nubes de blanco tul
- como
los cisnes de la bahía -
rizar
serenos el cielo azul.
Enlazaremos a las palmeras
la suave
hamaca y en su vaivén
las
horas tristes irán ligeras
y sueños
de oro vendrán también.
Y si la
luna sobre las olas
tiende
de plata bello cendal,
oirá la
niña mis barcarolas
al son
del remo que hiende el mar,
mientras
la noche prende en sus velos
broches
de perlas y de rubí,
y
exhalaciones cruzan los cielos
lágrimas
de oro sobre el zafir!
El mar
velado con tenue bruma
te dará
su hálito arrullador,
que bien
merece besos de espuma
la
concha nácar, nido de amor.
Ya la
marea, niña, comienza,
ven que
ya sopla tibio terral,
ven y
careyes tendrá tu trenza
y tu
albo cuello rojo coral.
La dulce
niña bajó temblando,
bañó en
el agua su blanco pie,
después,
cuando ella se fue llorando,
dentro
las olas perlas hallé.
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