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Cuando
tu amigo te diga lo que piensa, no temas decir "no" en tu propio
corazón ni le escatimes el "sí". Y cuando permanezca callado, que tu
corazón no deje de escuchar el suyo.
Kahlil Gibrán
Nació el 6 de enero de 1883 en Bécharre, cerca del ‘‘bosque sagrado
de los cedros milenarios’’, Líbano. Conocido por muchos como el
‘‘profeta de Oriente’’ por su obra El profeta (publicada en 1918).
Recibió una esmerada educación cosmopolita. Escribió El Profeta
originalmente en Arabe cuando contaba 15 años. Después la tradujo al
inglés en un periodo de cinco años. Vivió entre Oriente Próximo y
los Estados Unidos. Animador de un círculo intelectual que intentaba
renovar la poesía árabe -que también fue autor de novelas críticas
como Espíritus rebeldes (1908)- escribió a veces en inglés,
traduciéndose luego al árabe, o bien directamente en árabe, como en
el caso de la colección Alas rotas (1911). El 10 de abril de 1931
Kahlil Gibran muere a los 48 años en la ciudad de Nueva York. Sus
restos fueron trasladados a Líbano, donde hoy yacen en un camino muy
cercano al ‘‘bosque sagrado de los cedros milenarios’’.
El Profeta
Cuando el amor te llame, síguelo. Aunque su camino sea angustioso y
arduo.
Y entrégate a sus alas que te envuelven. Aunque la espada oculta en
ellas te hiera.
Y cree en él, creele cuando te hable. Aunque su voz doblegue y
marchite tus sueños, como el viento del norte marchita los jardines.
Porque así como el amor te llena de gloria, asi te crucifica.
Como te da abundancia, así te tala.
Como llega a la altura y besa tus más frágiles ramas, las que se
agitan bajo el sol, así descenderá en su abrazo con la tierra.
Como a gavillas de trigo, el amor te une a ti, te reune contigo. Te
desgarra, para desnudarte.
Te depura, para despojarte de las aristas que revisten tu imagen. Te
pulveriza, para que alcances la blancura.
Te amasa, para que cuanto es docil y flexible en tu dureza renazca.
Y te entrega luego a su sagrado fuego, para que seas pan sagrado en
la fiesta sagrada.
Todo esto hara el amor para llevarte hacia el conocimiento de tu
alma, y a formar parte, así, del alma de la Vida.
Pero si tu temor te induce a buscar tan solo la paz y el goce del
amor, es preferible que cubras tu desnudez y abandones su portal. Y
marches hacia un mundo sin primaveras en el que reiras y lloraras,
pero no con toda tu risa ni con todo tu llanto.
El amor no da ni toma nada excepto de si mismo.
Y no posee ni es poseido.
Porque el amor es todo para el amor.
Cuando ames, no digas que Dios esta en tu corazón, di que tu estas
en el corazón de Dios.
Y no quieres regir el curso del amor, será el amor, si te ve digno,
el que regirá tu curso.
El amor no tiene más deseo que realizarse.
Pero si amas, y no puedes evitar los deseos, que ellos sean:
Fundirte, y fluir como el arroyo que susurra su música en la noche.
Conocer el dolor de la excesiva ternura.
Ser lastimado por tu conocimiento del amor.
Y sangrar voluntariamente, con alegría.
Despertar al amanecer con alas en el corazón y dar gracias por un
nuevo día de amor.
Reposar al mediodia, recordando el deleite amoroso.
Volver serena y dulcemente al hogar en el ocaso.
Y dormir con un ruego por el amado en el alma y una canción de
jubilo en la boca.
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