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Nació el
6 de marzo de 1475 en Caprese, cerca de Arezzo. Hijo de Ludovico
Buonarroti, oficial florentino al servicio de la familia Medici, que
colocó a su hijo, cuando contaba 13 años de edad, en el taller del
pintor Domenico Ghirlandaio. Dos años más tarde se sintió atraído
por la escultura en el jardín de San Marcos, lugar al que acudía con
frecuencia para estudiar las estatuas antiguas de la colección de
los Medici. Conoció a los Medici más jóvenes, dos de los cuales
llegaron a ser papas (León X y Clemente VII); conoció también a
humanistas como Marsilio Ficino y a poetas como Angelo Poliziano.
Con 16 años, ya había realizado al menos dos esculturas en relieve,
el Combate de los lapitas y los centauros y la Virgen de la Escalera
(ambas fechadas en 1489-1492, Casa Buonarroti, Florencia). Su
mecenas, Lorenzo el Magnífico, murió en 1492; dos años después
abandonó Florencia. Durante una temporada se estableció en Bolonia,
donde esculpió entre 1494 y 1495 tres estatuas de mármol para el
Arca de Santo Domingo en la iglesia del mismo nombre. Después, viajó
a Roma, donde estudió las ruinas y estatuas de la antigüedad clásica
que por entonces se estaban descubriendo. Realizó su primera
escultura a gran escala, el monumental Baco (1496-1498, Museo del
Barguello, Florencia). En esa misma época esculpió también la Pietà
(1498-1500) para San Pedro del Vaticano, que aún se conserva en su
emplazamiento original y es la única obra en la que aparece su
firma. Su estilo de juventud viene marcado por la gigantesca (4,34
metros) escultura en mármol del David (Academia, Florencia),
realizada entre 1501 y 1504, tras su regreso a Florencia.
Paralelamente a su trabajo como escultor, tuvo la oportunidad de
demostrar su pericia como pintor al encomendársele un fresco para el
Salón de los Quinientos del Palazzo Vecchio, la Batalla de Cascina,
frente a otro encargado a Leonardo sobre la Batalla de Anghiari.
Ninguno de los dos artistas llevó a cabo su cometido sólo se realizó
un dibujo preparatorio sobre cartón a escala natural. En 1505
interrumpió su trabajo en Florencia al ser llamado a Roma por el
papa Julio II para realizar dos encargos. El más importante de ellos
fue la decoración al fresco de la bóveda de la Capilla Sixtina, que
le tuvo ocupado entre 1508 y 1512, 24 años antes de comenzar, en
1536, el Juicio Final. Pintando en una posición forzada, acostado de
espaldas al suelo sobre un elevado andamiaje, plasmó algunas de las
más exquisitas imágenes de toda la historia del arte. Sobre la
bóveda de la capilla desarrolló nueve escenas del Libro del Génesis,
comenzando por la Separación de la luz y las tinieblas y
prosiguiendo con Creación del Sol y la Luna, Creación de los árboles
y de las plantas, la Creación de Adán, Creación de Eva, El pecado
original, El sacrificio de Noé, El Diluvio Universal y por último La
embriaguez de Noé. Enmarcando estas escenas principales que recorren
longitudinalmente todo el cuerpo central de la bóveda, se alternan
imágenes de profetas y sibilas sobre tronos de mármol, junto con
otros temas del Antiguo Testamento y los antepasados de Cristo. Con
anterioridad a la bóveda de la Sixtina, en 1505, recibió el encargo
del papa Julio II de realizar su tumba. Pensada para ser emplazada
en la nueva Basílica de San Pedro, inició con gran entusiasmo este
nuevo desafío que incluía la talla de más de 40 figuras, pasando
varios meses en las canteras de Carrara para obtener el mármol
necesario. Pudo terminar algunas de sus mejores esculturas con
destino a la tumba de Julio II, entre las que destaca el Moisés (c.
1515), figura central hoy conservado en la Iglesia de San Pedro in
Vinculis, Roma. Como arquitecto no comenzó hasta 1519, cuando diseñó
la fachada (no realizada) de la Iglesia de San Lorenzo en Florencia,
ciudad a la que había regresado tras su estancia en Roma. Durante la
década de 1520 diseñó también la Biblioteca Laurenciana, anexa a la
citada iglesia, aunque los trabajos no finalizaron hasta varias
décadas después. También emprendió -entre 1519 y 1534- el encargo de
hacer las tumbas de los Medici en la Sacristía Nueva de San Lorenzo.
Ya en Roma comenzó a trabajar en 1536 en el fresco del Juicio Final
para decorar la pared situada tras el altar de la Capilla Sixtina,
dando por concluidos los trabajos en 1541. En 1538-1539 se iniciaron
las obras de remodelación de los edificios en torno a la Plaza del
Capitolio (Campidoglio). El proyecto de ordenación de la plaza
diseñado por Miguel Ángel no se llevó a cabo hasta finales de la
década de 1550 y no se remató hasta el siglo XVII. Su obra cumbre
como arquitecto fue la Basílica de San Pedro. La dirección de las
obras, iniciadas por Donato Bramante y continuadas, entre otros, por
Antonio da Sangallo y Rafael, le fueron encomendadas por el Papa en
1546. Siguiendo el esquema de Bramante, diseñó un templo de planta
de cruz griega coronado por una espaciosa y monumental cúpula sobre
pechinas de 42 metros de diámetro. Posteriormente, Carlo Maderno
modificó la planta original y la transformó en una planta de cruz
latina.
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