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Nació el
29 de septiembre de 1864 en Bilbao (España). Hijo de Salomé de Jugo
y de Félix de Unamuno, un comerciante que había hecho fortuna en
México. Unamuno fue el tercero de seis hermanos. Su padre murió
cuando él tenía cinco años. Cursó estudios en la Universidad de
Madrid donde se doctoró en Filosofía y Letras con la tesis titulada
Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca
(1884). Fue catedrático de griego en la Universidad de Salamanca
desde 1891 hasta 1901, en que fue nombrado rector.
Formado
intelectualmente en el racionalismo y en el positivismo, durante su
juventud simpatizó con el socialismo, escribiendo varios artículos
para el periódico El Socialista, donde mostraba su preocupación por
la situación de España, siendo en un primer momento favorable a su
europeización, aunque posteriormente adoptaría una postura más
nacionalista.
Las
influencias de filósofos como Arthur Schopenhaner, Adolf von Harnack
o Sören Aabye Kierkegaard, entre otros contribuyeron a que rechazara
el racionalismo, al que contrapone la necesidad de una creencia
voluntarista de Dios y la consideración del carácter existencial de
los hechos. Sus meditaciones sobre el sentido de la vida humana, en
el que juegan un papel fundamental la idea de la inmortalidad y de
un dios son un enfrentamiento entre su razón, que le lleva al
escepticismo y su corazón, que necesita desesperadamente de Dios.
Sus dos grandes obras sobre estos temas son Del sentimiento trágico
de la vida (1913) y La agonía del cristianismo (1925).
En el
año 1914 fue obligado a dimitir de su cargo académico por sus
ataques a la monarquía de Alfonso XIII. Fue confinado a
Fuerteventura (Islas Canarias)en 1924 por su enfrentamiento con la
dictadura de Miguel Primo de Rivera. Más adelante se radica en
Francia, en exilio voluntario hasta 1930, año de la caida del
régimen de Primo de Rivera. Regresó a su cargo de rector en
Salamanca, que no abandonaría hasta su muerte. Su poesía exalta las
tierras de Castilla, considerada la médula de España, su narrativa
comienza con Paz en la guerra (1897) y continúa con Niebla (1914),
La tía Tula y San Manuel Bueno, mártir (1933). Entre su obra poética
destaca El Cristo de Velázquez (1920), mientras que su teatro ha
tenido menos éxito, pues la densidad de ideas no va acompañada de la
necesaria fluidez escénica; en este terreno destacan Raquel
encadenada (1921), Medea (1933) o El hermano Juan (estrenada en
1954). Aunque al principio fue comprensivo con la sublevación del
Ejército español que en seguida encabezó el general, Francisco
Franco, pronto les censuró públicamente: en un acto celebrado en la
Universidad de Salamanca, su comentario "venceréis, pero no
convenceréis", provocó la respuesta del general Millán Astray, uno
de los sublevados: "¡Viva la muerte y muera la inteligencia!". Sus
últimos días los pasó recluido en su domicilio de Salamanca.
Falleció el 31 de diciembre de 1936 en Salamanca.
DE VUELTA A CASA
Al salir de Bilbao, lloviendo, el 20-IX-10
Desde mi cielo a despedirme llegas
fino orvallo que lentamente bañas
los robledos que visten las montañas
de mi tierra, y los maíces de sus vegas.
Compadeciendo mi secura, riegas
montes y valles, los de mis entrañas,
y con tu bruma el horizonte empañas
de mi sino, y así en la fe me anegas.
Madre Vizcaya, voy desde tus brazos
verdes, jugosos, a Castilla enjuta,
donde fieles me aguardan los abrazos
de costumbre, que el hombre no disfruta
de libertad si no es preso en los lazos
de amor, compañero de la ruta.
Miguel de Unamuno, 20 de septiembre de 1910
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