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Nació en
Einsiedeln (Suiza). Hijo de un médico que le enseñó las primeras
letras y le hizo conocer y admirar la naturaleza. Desde niño
acompañó a su padre en las visitas a enfermos. Estudió las artes
liberales (trivium: gramática, retórica, dialéctica, cuadrivium:
geometría, aritmética, música y astronomía) probablemente en Viena y
en Ferrara, Italia, donde se tituló de doctor, y siguiendo la
costumbre de la época, latinizó su nombre y eligió el de Paracelsus.
Inició un largo viaje por Europa, llegó hasta Moscú y descendiendo a
través de Kiev por los Balcanes, llegó al Asia Menor y a Egipto,
desde donde regresó a Villach pasando por Italia. Su peregrinación
duró 12 años. Muchos jóvenes lo siguieron en estas andanzas. Dijo
entonces:
"Comadronas, curanderos, nigromantes, barberos, pastores y
campesinos saben muchas cosas que aparentemente no han sido tomadas
en consideración por los doctores eruditos. Los barberos, los
médicos del pueblo, saben el arte de curar, no a merced de los
libros sino a través de la luz de la naturaleza o por la tradición
procedente de los antiguos magos". Gran crítico con la creencia de
los escolásticos, de que las enfermedades se debían a un
desequilibrio de los humores o fluidos corporales, y de que sanaban
mediante sangrías y purgas. Paracelso creía que la enfermedad
procede del exterior, por lo que creó diversos remedios minerales
con los que, en su opinión, el cuerpo podría defenderse. Identificó
las características de numerosas enfermedades, como el bocio y la
sífilis, y usó ingredientes como el azufre y el mercurio para
combatirlas. Fue un precursor de la homeopatía. Sus escritos
contenían elementos de magia. La rebelión de Paracelso contra los
antiguos preceptos de la medicina liberaron el pensamiento médico,
abriendo paso a un camino más científico. Aceptó el ofrecimiento del
príncipe Ernesto de Baviera para radicarse en Salzburgo, donde murió
el 24 de septiembre de 1541.
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