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Cézanne
nació el 19 de enero de 1839 en la ciudad de Aix-en-Provence, en el
sur de Francia. Hijo de un banquero acaudalado, conoció y forjó una
gra amistad en su infancia con Émile Zola. En 1862, tras numerosas
discusiones con su padre, que se negaba a que su hijo se dedicara al
mundo del arte, Paul recibió una pequeña asignación y se marchó a
estudiar arte a París, donde también había partido Zola. En esta
época sentía una gran admiración por el pintor romántico Eugène
Delacroix y por Gustave Courbet y Édouard Manet.
Muchas de las primeras obras de Cézanne estaban pintadas con
pigmentos espesos y en tonos oscuros que recordaban al expresionismo
romántico y melancólico de generaciones anteriores. A pesar de todo,
Cézanne pretendía pintar el mundo tal como sus ojos lo veían, sin
preocuparse de idealizaciones temáticas o afectación en el estilo.
La influencia más significativa en los comienzos de su madurez
artística fue la de Camille Pissarro, pintor mayor que él aunque
poco reconocido, que vivía con su numerosa familia en una zona rural
a las afueras de París. Este pintor fue el que le dio el apoyo moral
que necesitaba y el que le introdujo en la nueva técnica
impresionista para conseguir los efectos de la luz natural. Al igual
que Monet, Renoir y unos pocos pintores más, Pissarro había
desarrollado un estilo para trabajar al aire libre (en plein air) de
forma rápida y a escala reducida, que consistía en utilizar pequeños
toques de colores puros, sin recurrir a bocetos preliminares ni a
dibujos. Bajo la tutela de Pissarro, en el corto periodo comprendido
entre 1872 y 1873, Cézanne pasó de los tonos oscuros a los colores
brillantes y comenzó a concentrarse en escenas de la vida rural.
Pronto los impresionistas le aceptaron dentro del grupo y expuso con
ellos en 1874 y 1877. Sus obras tuvieron la acogida más desfavorable
por parte de la crítica. Se distanció de muchos de sus contactos
parisinos a finales de la década de 1870 y durante toda la década de
1880 pasó gran parte del tiempo en su Aix-en-Provence natal. En 1882
dejó de colaborar con Pissarro. En 1886 creyó ver referencias a sus
fracasos, apenas disimuladas, en una novela de Zola y rompió sus
relaciones con él, a pesar de que había sido su apoyo durante mucho
tiempo. Ese mismo año heredó la fortuna de su padre y por fin, a la
edad de 47 años, consiguió la independencia económica, aunque
permaneció en su aislamiento social.
El aislamiento y la concentración, así como la singularidad de su
búsqueda, podrían señalarse como los responsables de la increíble
evolución que sufrió su estilo durante las décadas de 1880 y 1890.
Durante esta época siguió pintando directamente del natural con
brillante colorido de tipo impresionista, y fue simplificando de
modo gradual la aplicación de la pintura hasta el punto de que
parecía lograr expresar el volumen con sólo unas cuantas pinceladas
de color yuxtapuestas. Cézanne afirmaba que no lograba alcanzar
plenamente su objetivo, por lo que dejó la mayor parte de sus obras
sin acabar y destruyó muchas otras. Se lamentaba de su fracaso a la
hora de representar la figura humana y, efectivamente, las grandes
obras con figuras humanas de sus últimos años, como Bañistas (c.
1899-c. 1906, Museo de Arte, Filadelfia), revelan unas distorsiones
curiosas que parecen dictadas por el rigor del sistema de modulación
cromática que él mismo impuso sobre sus propias representaciones.
Sin embargo, la generación posterior de pintores llegó a aceptar
prácticamente todas las rarezas de Cézanne.
En el año 1895 Ambroise Vollard, ambicioso marchante parisino,
organizó una exposición de sus obras y las promocionó con gran éxito
durante los años siguientes. Hacia 1904, Cézanne alcanzó la
consagración en uno de los grandes salones oficiales de pintura.
Antes de su muerte, acaecida el 22 de cotubre de 1906 en Aix, ya
había logrado un prestigio considerable.
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