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"En
esta vida es mejor conocer que amar las cosas inferiores a nosotros,
pero es mejor amar las cosas que son superiores. Respecto de Dios es
mejor amarlo que conocerlo, porque el conocimiento hace que las
cosas vengan a nosotros y se adapten a nuestra manera de ser; pero
el amor, que es la caridad, nos hace salir de nosotros y nos lanza
hacia el objeto amado."
Tomás de Aquino
Nació en el seno de una familia noble en Roccasecca (cerca de
Aquino, en Italia). Amplió sus estudios en el monasterio benedictino
de monte Cassino y en la Universidad de Nápoles. Cuando aún no se
había graduado, en 1243, ingresó en la orden de los dominicos. Su
madre, que se oponía a la entrada de Tomás en una orden mendicante,
le raptó y le mantuvo bajo custodia en el castillo familiar durante
más de un año en un vano intento de hacerle abandonar el camino que
había elegido. Cuando fue puesto en libertad en 1245, viajó a París
para completar su formación. Estudió con el filósofo escolástico
alemán Alberto Magno, siguiéndole a Colonia en 1248. Por fin se
ordenó sacerdote en 1250, y empezó a impartir clases en la
Universidad de París en 1252. Dos años después aparecían sus
primeros escritos.
Como
primera obra importante debemos destacar Scripta super libros
Sententiarum (c. 1256), que consiste en comentarios sobre una obra
influyente relacionada con los sacramentos de la Iglesia, conocida
como el Sententiarum libri quatuor, del teólogo italiano Pedro
Lombardo.
En
1256 le otorgaron un doctorado en teología, además de ser nombrado
profesor de filosofía en la Universidad de París. El papa Alejandro
IV, que ocupó la silla pontificia desde 1254 hasta 1261, le llamó a
Roma en 1259, donde sirvió como consejero y profesor en la curia
papal.
En
1268 volvió a la ciudad de París, lugar donde se implicó en una
controversia con el filósofo francés Siger de Brabant y otros
seguidores del filósofo islámico Averroes. Antes de Tomás de Aquino,
el pensamiento occidental había estado dominado por la filosofía de
san Agustín, el gran Padre y Doctor de la Iglesia occidental durante
los siglos IV y V, quien consideraba que en la búsqueda de la verdad
se debía confiar en la experiencia de los sentidos. A principios del
siglo XIII las principales obras de Aristóteles estuvieron
disponibles en una traducción latina de la escuela de traductores de
Toledo, acompañadas por los comentarios de Averroes y otros eruditos
islámicos.
El
vigor, la claridad y la autoridad de las enseñanzas de Aristóteles
devolvieron la confianza en el conocimiento empírico, lo que originó
la formación de una escuela de filósofos conocidos como averroístas.
Bajo el liderazgo de Siger de Brabant, los averroístas afirmaban que
la filosofía era independiente de la revelación. Esta postura
amenazaba la integridad y supremacía de la doctrina católica,
apostólica romana y llenó de preocupación a los pensadores
ortodoxos. Ignorar a Aristóteles, tal como lo hacían los
averroístas, era imposible, y condenar sus enseñanzas era inútil.
Tenía que ser tenido en cuenta. San Alberto Magno y otros eruditos
habían intentado hacer frente a los averroístas, pero con poco
éxito. Santo Tomás triunfó con brillantez. Santo Tomás primero
sugirió su opinión madurada en De unitate intellectus contra
averroistas (1270). Esta obra volvió la tendencia contra sus
oponentes, quienes fueron censurados por la Iglesia. Abandonó París
en 1272, para pasar a vivir en Nápoles, donde organizó una nueva
escuela dominica. En marzo de 1274, mientras viajaba para asistir al
Concilio de Lyon, al que había sido enviado por el papa Gregorio X,
cayó enfermo. Falleció el 7 de marzo en el monasterio cisterciense
de Fossanova. Fue canonizado medio siglo después de su muerte por el
papa Juan XXII y proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Pío V
en 1567.
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