New York, NY. EE.UU. Año 7

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Vicente Aleixandre
1896 - 1987
Poeta español Premio Nobel de Literatura en 1977

 

 

 

Nació en Sevilla el 26 de abril de 1898. Su padre, Cirilo, era Ingeniero de Ferrocarriles, y fue un hombre hábil en negocios de inversión; su madre, Elvira, había sido educada refinadamente en el seno de una familia de la alta burguesía. A los dos años la familia se trasladó a Málaga, donde transcurrió casi toda su infancia. Durante nueve años el paisaje malagueño, Ronda, el aire, el Mediterráneo, grabaron en su alma resonancias y luminosas sensaciones de belleza: cuarenta años después las imágenes de Málaga aflorarán muy vívidamente en el espacio cósmico de uno de sus libros capitales, Sombra del Paraíso.

En 1909, nuevo traslado a Madrid, en donde vivirá en adelante. Barrio de Salamanca, calle Ayala, sosiego y paz para la alta burguesía, cercana a los aristocráticos palacetes ajardinados de la Castellana. De Ayala 9 a Serrano 98, su nueva casa. La bicicleta del muchacho rueda hacia el colegio por un barrio transitado por elegantes coches de caballos (“Yo iba en bicicleta, casi alado, aspirante”). El Colegio Teresiano era seglar; allí estudió el bachillerato, aunque todos los años tenía que examinarse en el Instituto San Isidro, de la calle Toledo. Cada año adelantó, por libre, algunas asignaturas, por lo que fue bachiller a los quince años.

Cursa simultáneamente las carreras de Derecho y Comercio, brillantemente (sólo el escollo del Álgebra Superior, dándose la circunstancia de que su padre había publicado un libro de esa materia). A veces hace novillos, porque se escapa a la Biblioteca Nacional. Lee a los novelistas del realismo, el teatro clásico, los dramas románticos, a Unamuno, Azorín, Baroja... Con un amigo se va a los ámbitos prohibidos de los cuplés y las habaneras, descubriendo a la Chelito, a Pastora Imperio, a Raquel Meller; o a las verbenas populares... En Europa hay una terrible guerra, y el joven estudiante se ve recluta en un cómodo voluntariado en el Regimiento de Ferrocarriles. España, neutral. Su padre, Cirilo, hace planes para el nuevo economista.

A los 19 años conoció a Dámaso Alonso, y éste, al comprobar que Vicente no lee poesía, le prestó un libro de Rubén Darío, que despierta su vocación poética (“una revolución en mi espíritu, la poesía me fue revelada”), que se acrecentará al leer ese mismo año a Antonio Machado y a Juan Ramón, que le deslumbran e influyen en su poesía inicial, sobre todo el poeta de Moguer. Siguen lecturas de Lautréamont, Rimbaud, Apollinaire, Guillermo de Torre, Tristan Tzara, a veces a través de las revistas literarias. Empieza a trabajar como profesor ayudante en la Escuela de Comercio, y muy pronto en las oficinas madrileñas de los Ferrocarriles Andaluces. Después pasa a la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España, y se le encarga un estudio sobre jubilación del personal (uno de los progresos de la época). Al poco de empezar ahí, Américo Castro le invita a dar una conferencia, para alumnos extranjeros, en la Residencia de Estudiantes, sobre el lenguaje de la técnica comercial.

Una crisis religiosa será decisiva para lo que va a constituirse como visión de mundo en su obra poética, prácticamente constante: el mundo, como el cosmos, viene a ser una materia espiritualizada, acaso un panteísmo, una sola forma y una sola sustancia, el amor.

En 1925 cae gravemente enfermo, con altas fiebres. El bacilo de la tuberculosis se ha alojado en muy mal sitio, el riñón, y origina una nefritis crónica: Aleixandre mantendrá ya de por vida una salud muy precaria que le aleja de toda actividad profesional. Atraviesa una etapa de crisis y soledad, de cambio radical en el curso de su vida, que se centra definitivamente en la literatura, en escribir con fe y necesidad. Cuenta con el apoyo familiar de sus padres y hermana, que buscan residencias muy sanas para cuidar al enfermo: Miraflores de la Sierra, Aravaca,  Velingtonia. Y que alientan las visitas de los amigos (Lorca al piano de su madre), o cuidan el ambiente de recogimiento que necesita el escritor.

Cada vez conoce más y mejor a los intelectuales y poetas de su tiempo. Amistad con Jorge Guillén, Altolaguirre, Moreno Villa, Bergamín, Juan Chavás, Fernández Almagro, André Malraux, Vicente Huidobro, Rafael Alberti, Cernuda... Se le acercan también los más jóvenes: Rosales, Panero, Vivanco... En 1926 aparece su firma en la “Revista de Occidente”, que dirige Ortega y Gasset, y después en otras revistas que protagonizaba la inquieta juventud contemporánea: “Carmen” (de Gerardo Diego), “Verso y prosa” (de Jorge Guillén), o más tarde “Caballo verde para la poesía” (de Neruda), y muchas más, como la que dirige Emilio Prados, que le invita a publicar en ella sin reconocer en Vicente al tierno amigo del colegio de Málaga...

Su primer libro fue Ámbito, en 1928. Pero antes ya ha participado en el homenaje a Góngora, cuya fecha acuñaría el principal referente generacional: 1927. Aunque no haya podido hacer el célebre viaje del grupo a Sevilla. Escribe poemas en prosa, que luego se publicarán con el título de Pasión de la tierra.

            En 1931 a las fiebres se suman las hemorragias. Un famoso médico desahucia al enfermo, creyendo afectados los dos riñones. Ese mismo año Aleixandre define la poesía como “clarividente fusión del hombre con lo creado” y como “aspiración a la unidad”. Está leyendo a los poetas franceses, a Joyce, a Freud. Todo colabora a que vaya cambiando su sensibilidad. En 1932 le extirpan un riñón. El régimen de reposo y cuidados se endurece; coge el hábito de escribir en la cama. Pese a todo él publica Espadas como labios, y al año siguiente le otorgan el Premio Nacional de Literatura por La destrucción o el amor. En el jurado estaban Manuel Machado, y los catedráticos Gerardo Diego y Dámaso Alonso.

            La guerra de 1936. Muy pronto, el asesinato de su íntimo amigo Federico García Lorca. Escribe una semblanza, elegía en prosa. Colabora en algunas publicaciones republicanas. Miguel Hernández, que enseguida le trata mucho, le dedica su Viento del pueblo. Al acabar la guerra Aleixandre es uno de los pocos miembros del grupo poético del 27 que permanecen en España. Pero, como si se hubiera alejado con sus compañeros expatriados, escribe hermosos y tristes poemas cantando a una tierra perdida. Se le han muerto también sus padres.

La burguesa casa de dos plantas que habían adquirido sus padres en la calle Velingtonia, 3, en los altos de la Moncloa, la sierra al frente, que había padecido los rigores del frente de la ciudad universitaria, ha sido reconstruida, y en el jardín el poeta ha plantado, con sus propias manos, un esbelto cedro (“con su verdor sin fatiga”) que siempre amará. En esa casa escribiría Aleixandre casi todos sus libros.

En el 42 muere en la cárcel, enfermo y exhausto, Miguel Hernández, el fiel y jovial amigo que en los duros tiempos de la guerra en Madrid le llenaba su cama de naranjas de Orihuela, y su alma de risas. Tantas muertes parecen anegar de dolor y acallar al poeta. Hay un tiempo de silencio, y después, paradójicamente, uno de sus libros más radiantes, Sombra del paraíso, de melancólica soledad que se autoexilia a un paraíso de la niñez, a Málaga, a un paraíso, sí, pero perdido.

Por otra parte, la censura cae sobre nuestro poeta de una forma indirecta: se prohibe mencionar su nombre en los medios de comunicación. Algunos burlarán a los censores hablando de “el autor de La destrucción o el amor...” Pero tampoco es un autor demasiado molesto políticamente, y simplemente se le ningunea. Pero a su casa siguen acudiendo nuevos poetas, escritores jóvenes como Jose Luis Cano, Morales, Gaos, Bousoño, Nora, Otero, Valverde, Hierro, Carmen Conde, Concha Zardoya, García Nieto, Leopoldo de Luis, Crémer, Celaya... La joven poesía española encontraba su maestro en Aleixandre, acogedor y sencillo. Nuevas revistas (“Garcilaso”, de García Nieto, “Escorial”, de Dionisio Ridruejo, “Espadaña”...) publican sus poemas. Así pues, a pesar de todo, su prestigio se impone, y en 1949 es nombrado miembro de la Real Academia Española, con un solo voto en contra. El autor difícil, a veces hasta hermético, el poeta surrealista (nuestro mejor surrealismo, según Cernuda), con sus metáforas visionarias, cósmicas, o con sus amplias perífrasis, alejado con todo ello del clásico o tópico “academicismo”, es reconocido por la Academia en un clima rebosante de fervor.

En 1951 se encarga Aleixandre de preparar un volumen, Obra escogida, compuesto por originales y borradores de Miguel Hernández. Durante esta década 50-60 no escribe mucho, pero mantiene bastante actividad dando conferencias y sobre todo haciendo lecturas de su poesía o dando a conocer los Encuentros, prosas que relatan sus distintas amistades. Se publicarán en el 58, en una bella edición para bibliófilos. De estos años data su Historia del corazón (1954) y las primeras composiciones de En un vasto dominio (1962).

Aunque viajaría por casi toda España y haría breves incursiones por Europa (Londres, el París de las vanguardias), por Marruecos, Hispanoamérica... su vida fue siempre muy sedentaria, y la casa de Velingtonia estuvo siempre abierta también a las revistas literarias de dentro (la del grupo “Cántico” de Córdoba o los “Papeles de Son Armadáns”, de Cela) y de fuera de España (las marroquíes “Manantial” o “Al Motamid”) que buscaban su opinión y magisterio, o su colaboración. Corresponde a todos los escritos, a todos estimula. Las revistas de toda España publican las respuestas de Aleixandre como avales de estimación. Su afable acogida, su generoso aliento, fue proverbial.

En 1959 el poeta del más encendido realismo social, Gabriel Celaya, publica su Cantata en Aleixandre, poema dramático a modo de interpretación poético-dialéctica de su obra. En efecto, la evolución constante de Aleixandre le acerca ahora a la temática de la comunicación, y renueva la atención de las generaciones jóvenes sin excluir a nadie (sirva de ejemplo el poema “Para quién escribo”, del que figuran dos versículos en el retrato que tenemos de él en el Instituto). En 1960 se publican las primeras Poesías completas de nuestro autor. Se abre una década de antologías y traducción de poemarios (en italiano, en alemán, en francés...), de homenajes, de placas conmemorativas. Termina Retratos con nombre. Después, Poemas de la consumación, de significativo título, poesía honda y serena, desde la que se ve la juventud como la única vida, pero también la muerte como el segundo y definitivo nacimiento. Con motivo de sus setenta años se le rinde un homenaje singular: un volumen de 84 poetas con composiciones referidas a él o a su obra.  En 1969 se le concede el Premio de la Crítica.

Lleva el poeta una existencia relativamente activa, basada en un estricto plan de alimentación y de reposo. Sólo seis o siete horas está levantado. Desde 1970 trabaja en su último gran libro: Diálogos del conocimiento, que aparecerá en 1974. Siguen los homenajes, como el  de la Asociación de Mujeres Universitarias.

Desde 1973 se perfilaba como candidato al Premio Nobel. En 1974 aparece la edición sueca de una antología de su obra. Varios profesores de diversos países presentan su candidatura. Y por fin le conceden el Premio Nobel en 1977.

Tras unos años de vejez tranquila, realizando entrevistas sumamente clarificadoras sobre su obra, y en particular sobre el complejo tema de la escritura surrealista, se apaga la vida de Vicente Aleixandre en 1984. (Ha soñado poemas enteros, entera pues y genuinamente surrealistas; ha soñado también que no podía recordarlos al despertar, por más que hacía esfuerzos de reiteración y memorización dentro del sueño, ha soñado que se conformaba con memorizar un solo verso, repitiéndoselo numerosas veces... pero jamás consiguió recordar ni ese solo verso al despertar: así que ni en este maestro de surrealistas ha sido posible, pues, la auténtica creación onírica tan buscada por este mítico movimiento de vanguardia, que tanto revolucionó la literatura de su época y cambió la posterior). Falleció el 14 de diciembre de 1984.

Póstumamente, en 1985, se publica una actualización de su obra en prosa del año 58, Los encuentros, sobre los amigos que fue tratando desde aquella fecha, la mayoría escritores. Y en 1991, se publica un último libro de poemas inéditos, En gran noche.


Unidad en ella

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima,
con esa indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

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