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agencia de NOTICIAS LITERA |
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New York, NY. EE.UU. Año 6- - |
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Junio 29/2005 |
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El abominable método político del secuestro
“Buongiorno, Notte” es el título original de este modesto filme italiano del controvertido Marco Bellocchio, y “Buenos días, noche”, es el nombre que se le puso en inglés, quizás copiando el título del libro de Francoise Sagan, “Buenos días, tristeza”; que nos llega con casi dos años de atraso a las carteleras comerciales de todo el mundo. La vimos en el Festival de cine de New York en octubre del 2003, y quedamos encantados por la forma lenta y acuosa como se llevó la puesta en escena, y sobre todo por ver a las Brigadas Rojas, con su actitud melancólica, desesperada por dar un golpe de opinión, sin nada de anarquismo, secuestrando al Primer Ministro italiano Aldo Moro, en el año de 1978, y encerrándolo en una vivienda en el centro de la ciudad, siguiendo los métodos de Los Tupamaros del Uruguay o de “Tupamaros en París” (el recuerdo de un mal filme), y exigiendo la liberación de 13 de sus integrantes, privados de la libertad, en su mayoría Cuadros fundamentales de la organización de socialistas revolucionarios. Bellocchio, siguió la noticia con interés, y se basó en un libro, “El prisionero” de Laura Braghetti, de una de las testigos presénciales en el secuestro del Primer Ministro, la llamada Chiara (interpretado por Maya Sansa) Esposa de uno de los camaradas lideres de las Brigadas, quien relata el triste suceso, porque nada había de trascendental (en el sentido de un cambio) para su organización, tener a un anciano encerrado detrás de la alacena del comedor (llamado la caleta), y a la que se dirigía en la noche, con el saludo de la mañana (buongiorno), completamente avergonzada, y con ganas de que esto tomara un rumbo diferente, del que tomó la organización en resumidas cuentas, en aquel apartamento para pequeños burgueses, donde los activistas actúan como salvajes, sin ningún tipo de actitud sicológica, tan sicóticos como sus enemigos.
Dictum de esta crítica:
Y a nadie interesa, y lo repetimos por milésima vez, la autocrítica, sea porque las democracias no lo hacen, o porque la actitud táctica del stalinismo así lo propugnó como una forma copiada del fascismo para dominar al mundo, y sobre todo a las personas que no pertenezcan a determinado partido, sobre todo de izquierda. Dominar al individuo de una forma tan inquisidora, que no tenga ni la más mínima oportunidad de gritar la libertad en medio del poder avasallador, fue el pan de cada día desde que el social imperialismo hizo su entrada triunfal después de las monarquías absolutas de Euro Asia, y el socialismo por sus fallas en la lucha contra el fascismo, recurrió al terrorismo como una salida, consecuencia que atrajo a Occidente las medidas extremas de los grupos terroristas Árabes; que toda muerte o matanza se la ofrecen al Dios Alá, y solucionado el cuento sociológico. Si los sacrificios no ayudan a los dioses, los de esta Era por una simple idea que envuelve una poderosa utopía, menos, si en la mente nuestra locura lucha por la consigna “El pueblo unido jamás será vencido”, cuento que también se lo pasan por la galleta la izquierda comunista desesperada y organizada. Si todo esto se piensa viendo este filme esclarecedorcito, vayamos entonces a verlo.
Algunas peculiares de estas escenas con conflicto ideológico y social incluido.
Y el filme de M.B. es contundente, ya que no se necesita mucha tecnología para mostrar con sencillez el horror de una actitud, matiz u objetivo, poco reflexionada por las desesperadas Brigadas Rojas, que hoy desaparecidas del contexto político mundial, meditan y escriben sus libros en las cárceles italianas. El espectador común y corriente se sitúa en su punto de vista acerca del socialismo, y alcanza a entender los métodos equivocados, casi absolutos para figurar en la opinión pública, de lo que se ha denominado por las democracias como el Terrorismo, otra cosa es el Terrorismo de Estado, de nuestras democracias, hijas del totalitarismo. Los actores de este trabajo cinematográfico estuvieron en un permanente estudio sobre el caso del secuestro de Aldo Moro, que hasta algunos miembros de la familia Bellocchio aparecen en el filme. Pier Giorgio Bellocchio, y Luigi Lo Cascio, Roberto Herlitzka como A. Moro, entre otros. Hay un momento en el filme, en la parte documental, donde aparece el Pontífice de esos años, Pablo VI, entrando en procesión, sin pisar tierra, al senado italiano, o algo así, a pedir clemencia por su amigo Aldo Moro, que nos deja atónitos: aquella imagen tan decadente del Papa, moviéndose como una dolorosa en medio de los políticos, como una figura casi embalsamada, pues es el año en que murió (1978), y el Vaticano como siempre nada puede hacer sobre estos casos políticos, pues ni el mismo Papa Pío XII pudo evitar en su época la matanza de cientos de niños secuestrados por los nazis en un campo de concentración italiano. Digna de verse por estas tomas sin ninguna violencia, que involucra el buen decir frente a la pesadez de casi todas las películas políticas, con la excepción de “Z “ y “La batalla de Argel”, de los años setenta. De Marco, recordamos su penúltimo trabajo llamado “La sonrisa de mi madre”, 2002, y la convincente “Misión Cleopatra”, 2000, con la bellísima Mónica Belluci.
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