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agencia de NOTICIAS LITERA |
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New York, NY. EE.UU. Año 6- - |
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Noviembre 10/2004 |
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La justicia de los linchamientos
Las imágenes de televisión son escalofriantes. Los comentarios de quienes redactan la noticia casi sinvergüenzas. La justicia colectiva está actuando en el Perú de manera inmediata. Primero en la sierra, ahora en las barriadas de Lima y sin caer en arandelas de juicios sumarios proceden a linchar, llevando hasta la muerte en muchos casos, a ladrones o asesinos.
No importa qué clase de delito se haya cometido, desde el robo de una gallina hasta el mal manejo del gobierno municipal. No importa quien lo cometa, si un desconocido desarrapado o un atildado alcalde de pueblo Al uno o al otro, al que la multitud haya encontrado en flagrancia o al que simplemente se señale como culpable del delito, le cae el peso del linchamiento.
Aparentemente esas manifestaciones de justicia colectiva son genes revividos de civilizaciones indígenas precolombinas. Es común saber de casos similares en Guatemala donde la civilización maya, como la inca en el Perú, usaba los juicios multitudinarios para evitarle al cacique o al emperador el dispendioso proceso de un juicio. Pero también esos linchamientos pueden ser la consecuencia de una pérdida de fe en la democracia y sus lentos y dispendiosos procedimientos de aplicar justicia.
En Colombia, donde hemos soportado por décadas las consecuencias de cascadas de crímenes, sabemos muy bien que un gran porcentaje de ellos son fruto del ejercicio de la justicia por mano propia, de la que no espera el trámite de la denuncia ni de la defensa ni mucho menos el fallo que nunca podrá ser el de la pena de muerte porque ella no dizque existe legalmente en el país.
Los colombianos no aplicamos la justicia colectiva de los peruanos porque antes de los españoles no fuimos ni estado ni mucho menos imperio,(apenas un amasijo de tribus enfrentadas unas a otras),y llevamos 200 años tratando de ser república pasando de una guerra civil a la otra hasta volverla interminable. Acá aplicamos la explicación puntual para cada crimen, sea o no sea razonable. Acá permitimos la “limpieza social” por parte del estado, de sus autoridades o de sus mas connotados líderes como el método mortal que alivia las presiones intolerables del crimen y el bandidaje.
Por supuesto en la primigenia Colombia mezclamos la sangre violenta de los indios de las tribus enfrentadas con la de los españoles expresidiarios y criminales que venían de conquistadores y cuando se acabaron los indios machos trajimos a los negros residuos de guerras atroces que todos habían perdido: violencia por todos los genes.
Nunca dejamos entrar olas migratorias ni permitimos una moral paralela, solo admitimos la católica, apostólica y romana, versión española y por ende inquisidora. Por eso somos como somos y aplicamos la justicia individual no la colectiva de los peruanos.
El Porce, noviembre del 2004
E-mail: gardeazabal@latinmail.com
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