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agencia de NOTICIAS LITERA |
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New York, NY. EE.UU. Año 6- - |
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Noviembre 17/2004 |
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Los escritores y el TLC
Cuando nací en 1945 mi padre debió haberse sentido feliz de registrarme como nuevo habitante de la república soberana e independiente de Colombia. Cuando me entregaron mi cédula de ciudadanía en 1966 me sentí orgulloso de hacer parte vital de esta nación soberana y libre. Así me sentí cuantas veces tuve que jurar para posesionarme como concejal, como diputado, como alcalde o como gobernador. Pero desde cuando supimos que en la embajada gringa en Bogotá trabajan mas de 2.000 norteamericanos que le dan ordenes al presidente y a sus ministros y opinan sobre lo divino y lo humano de este país. Desde cuando comprobamos que las ordenes a los ejércitos constitucionales y a la policía se dan no desde el palacio presidencial sino desde el Comando Sur de los USA en la Florida, entendí que mi patria libre y soberana había pasado a ser una colonia norteamericana.
Nadie ha aceptado esa conversión a colonia gringa ni creído que ello amenaza la integridad y la soberanía patrias. Pero ahora, cuando se está dizque negociando el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos, los colombianos mas pensantes han puesto el grito en el cielo y me acompañan en mi enhiesta pero solitaria actitud.
Es de tal magnitud la amenaza que se cierne sobre los campos colombianos si el llamado TLC se aprueba que la semana anterior la Universidad Surcolombiana nos reunió en Neiva a un grupo de escritores para hablar solamente sobre el TLC y sus consecuencias.
El hecho de reunirse en Neiva era ya de por si muy simbólico. En esa ciudad nació el más patriota y nacionalista de los escritores colombianos, José Eustasio Rivera, autor de La Vorágine, virulenta novela de denuncia contra las transnacionales del caucho que en la década del 20 explotaban al pueblo colombiano en las selvas de la amazonía.
Por supuesto se oyó hasta lo inimaginable sobre el tema, y no ciertamente con tino y orientación debidas porque resulta difícil que narradores y poetas, inmersos en su mundo o trepados en su torre de marfil, sepan de los tejemanejes de semejante atropello. Pero nos reunimos y significamos algo que la intelectualidad colombiana había desechado a través de muchos años: que los problemas de la patria también deben ser de quienes escribimos.
El TLC, a mi parecer, ni es tratado ni es libre ni es de comercio. Es un acto de sumisión no un convenio porque nunca podrá firmarse un tratado entre la metrópoli y la colonia. No es libre porque ha sido fruto de la presión indebida del más grande comprador y del más grande vendedor del mundo y no del deseo de ser justos y equitativos a la hora de adquirir o vender. Y no es de comercio porque la noción universalmente admitida a través de la historia indica que los comerciantes son aquellos que sin presiones, obstáculos o trampas pueden ofrecer o adquirir los productos que estén a su alcance y en el TLC nada de eso va a suceder.
Decirlo así en Neiva la semana anterior y repetirlo hoy aquí me parece el cumplimiento de un deber porque yo todavía creo que la soberanía y la independencia de un pueblo no tienen precio.
El Porce, noviembre del 2004
E-mail: gardeazabal@latinmail.com
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