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¿Qué
fue lo qué no me gustó de “El crimen del padre
Amaro”?
Por
Gabriel Jaime Caro
Sin lugar a dudas esta película mexicana se llevará
el Oscar de la Academia en marzo del 2003, dadas sus
ventajas sobre otros filmes extranjeros: primero que
todo al guión escrito por Vicente Leñero, basado en un
libro del escritor portugués José María Eca de
Queiroz, escrito originalmente a finales del siglo
19.
Esta película nos viene al ojo al momento, por las
circunstancias de tipo religioso que no han cambiado en
Hispanoamérica en los últimos 200 años. Excelente
adaptación, que se armoniza perfectamente en cualquier
pueblo de América Latina, ya sea México o Colombia,
que viven nuevas formas de corrupción y de dogmatización
religiosa.
La religión católica, que siempre ha impulsado su
evangelización a como sea, desde su llegada con los
españoles, y los europeos.
El argumento de la película esta enfocado en la
relación de dos muchachos, el uno sacerdote, acabadito
de salir del seminario después de varios años de
estudio, llamado Amaro, y que es el preferido del
obispo. Preferido talvez por su ambición de ser alguien
en un pueblo, donde hasta el cura párroco está
envuelto en asuntos del narcotráfico, como si nada y
todo sigue a las mil maravillas.
La iglesia como de costumbre, se las ingenia para
tapar todo, con tal de tener el control de la población
bajo la religión, y así recibir más dinero de los
poderosos.
Amelia es una muchacha de escasos 16 años, que se
enamora del padre Amaro. Éste sin poner atención a sus votos de castidad y de abstención no se resiste al
enamoramiento de ella. Él busca la manera de estar con
ella, como en las tomas en las películas Buñuel, donde
una bobita o enferma que siempre vive en la cama,
presencia separada por una cortina, las pecaminosas
escenas de sexo entre el curita joven, recién llegado.
Amelia, interpretada por la excelente actriz Ana
Claudia Talancón.
Los encuentros entre ambos en aquella casucha de
campo, la casa del sacristán, y las consecuentes
complicaciones, por el embarazo de Amelia, hacen de este
melodrama, una tragedia con tintes clásicos.
El actor Gael García Bernal, que vemos en cintas
tan interesantes como “Amores Perros”(1999) y “Y
tu mamá también”(2001), se destaca aquí por su
firmeza en la actuación, y sobre todo porque hasta el
última momento de la secuencia, su posición fue de crítica
a los que llevan la sotana. Para no diferenciarse en
nada con las demás personas del pueblo, lo mismo le
ocurría al cura párroco, que tenía amante, y se daba
cuenta de que eso estaba mal, a pesar de funcionar a la
perfección, porque son iguales, en deseo y en
ambiciones.
Digo que hasta la última secuencia, que perdió
dramatismo, en el instante en que Amelia muere en sus
brazos desangrada, después del terrible aborto en una
clínica clandestina, y la atmósfera de horror en
aquella desolación de dos amantes, es terrible. Ahí
debió de terminar la película, y no en aquella
ceremonia de entierro, en donde el padre Amaro, le
importa un pito lo que pasó, y sirve de señuelo para
un contundente radicalismo, que ahora está mandado a
recoger, y más en el cine.
No sabemos por qué el director, Carlos Carrera, con
su primer largometraje, y con guionista aclamado, nos
muestra esas escenas tan crueles al final, cuando los
hechos de dos jóvenes daban para un cierre de película.
Después de dejarnos muy inquietos, dolorosos, y no
persuadidos de la maldad y de la falta de compromiso de
un cura joven, después de lo acontecido. El cine no
puede ser tan cruel con una historia de ficción en
donde estamos involucrados todos.
Las últimas tomas son frías, claro dirán, para
hacer mejor la crítica, ¿pero y el cine con sus
momentos de grandeza, no les sugiere un padre Amaro
destrozado por aquello, por lo cual luchó, a pesar de
sentirse horrorizado por el nacimiento de aquel niño?
Por qué no se hizo un realismo mágico, y se pusieron
diablitos felices en la misa, o por qué no pensaron
hasta el final del filme en Luis Buñuel, que les
hubiera sugerido un final más terrible y no tan ramplón
o chato.
En fin, espero que esta última secuencia no
destruya el filme, que de por sí fue muy bien
realizado, y que ha polemizado por otros factores, menos
por el final, que a mi me derrumbó, y que todavía no
me repongo. Venía en éxtasis en las casi dos horas que
dura la proyección, cuando guauuuu!!!, todo se derrumbó,
como dice la balada.
Algo parecido me ocurrió con otra película
importante del reciente cine mexicano, “Perfume de
violetas”; son tan crueles las escenas, que no daban
sino para un Apocalipsis desnaturalizado.
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