Las
artes escénicas del cine chino de Zhang Yimou
Titulo: The
House of Flying Daggers
Dirección:
Zhang Yimou.
Paíse:
China /
Hong Kong
Año:
2004.
Duración: 119 min.
Género:
Acción
/ Drama /
Romance.
Interpretación:
Takeshi Kaneshiro,Jin;
Andy Lau,
Leo;
Zhang
Ziyi, Mei;
Dandan Song,
Yee;
más
Guión:
Feng Li;
Bin Wang;
(más)
Por Gabriel Jaime Caro
Para muchos: Zhang Yimou
(1.950) ha rodado las más hermosas secuencias del cine de los
últimos tiempos. Desde “Sorgo Rojo”, 1988, Oso de Oro en
Berlín, hasta su nueva y maravillosa “La Casa de las dagas
voladoras”, 2004, este autor, máximo representante de la Quinta
Generación de la Escuela de cine de China (después de Chen Keige y
con He Ping, Huo Jian Gi, entre otros, nos lleva a un ámbito de
criterio en donde podemos exclamar: ¡los chinos inventaron el amor y
la danza! Aunque Octavio Paz sugiera que el amor es
una invención del medioevo cristiano, mas exactamente de la gesta
poética de la canción trovadoresca.
Pero Yimou se atreve a tanto, que nos
demuestra todo lo contrario con “La Casa de las dagas
voladoras”, que comienza con una secuencia inolvidable de 10
minutos, en donde la actriz protagonista llamada Mei (Zhang Ziyi)
nos brinda una danza que nos saca de las casillas por ser
completamente inconmensurable, con la tecnología (llamada CGI)
que todo lo vuelve de un amarillo imposible y unos tambores
decorados que suenan con una percusión envidiable para cualquier
cultura rumbera, sea esta del medio oriente o de América. Todo esto
enrollado en la adaptación, 859 AD, en la corrupta Dinastía Tang, se
hace tan creíble como una buena ficción de magia, que el cine posee
desde sus comienzos. Mas luego tenemos los bosques de bambú,
escenarios muy propicios de la cinematografía china, que hace pocos
años dio al mundo “Cruching Tiger Hidden Dragon”, que
gracias a un público desprevenido la acogió como suya en una extraña
tradición de lanzas y cuchillos por spaghettis. Yimou pensó la cosa,
y recurrió a historias más dramáticas pérdidas en el pasado súper
milenario chino…Como el amor que todo lo puede y todo lo destruye,
dejándonos en un ahogo incalculable.
Tres actores, uno japonés (Takeshi
Kaneshiro), uno de Hong Kong (Andy Lao) y una actriz
china, hacen este cuento épico. Emocionante triángulo que hoy
funcionaría a la perfección si nos sacudiésemos el polvo posesivo
del ser, como si en retener se rumiara la otredad del otro en sí
mismo. Nos viene a la memoria “Women in love” de D.H.
Lawrence, con finales parecidos con los que el mundo del amor no ha
podido resolver.
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