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“La Maldición
de la Flor Dorada”
El
privilegio de algunas dinastías artísticas.
Por Gabriel Jaime Caro (Gajaka)

Precocidad:
el arte del cine de la China se nos multiplica con la oportuna Fortuna
de la cámara digital, con la ciencia del ojo al cine. Comenzó por ser
pura propaganda del comunismo de Mao Tse Tung, ahora con ese espíritu de
actuación, casi exclusivo de ellos y sus vecinos, los japoneses, Corea,
Vietnan, hasta Mongolia, nos reivindica con su imagen crítica,
envolvente, incrédula. Las inverosímiles aventuras de una posesión
sanguinaria y elástica, de un extenso territorio, donde se vislumbra una
igualdad del sentido del vasallaje y los genes de una raza humana,
cargada de sentimientos encontrados y divididos por dioses confundidos,
que son del centro de la tierra, para decirlo con Confucio, con manejo
de ancentralidades. ¿De qué planeta vinieron, abismo, o como se dio esta
invasión apocalíptica en el territorio más vasto de la tierra? ¿Por qué
más que nadie ellos recrean sus acrobacias, como para no creerles? ¿Y
por qué pasaron a estas tierras de América y no se quedaron?
No sabe uno
como describir esta magia del poder absoluto de los chinos, en siglos
pasados por el viento norte contaminado de oscurantismo; que fue
indestructible por varios milenios, en donde el eslabón perdido nos lega
el colorido natural de un rojo sangre por todas partes, en aquellos
palacios imperiales que albergan la muralla china como autodefensa. La
aureola pétrea de este color púrpura, que nos lastima la libertad de
nuestros sentidos, mas habituados al verde y al azul claro de los mares
documentados por la mitología de occidente, o nuestras montañas
interminables, frente al dragón habituado a las confluencias de la
meditación y la absorción desesperada de la dispersión de pueblos como
hormigas amaestrados por la inteligencia de la violencia racional, al
servicio del espectáculo irracional, que vuela con aullidos de lobos al
final del espejo dorado. ¿Y la mujer? Porqué la mujer es un invento,
para el amor.
Todo este
asunto con el oro como pesadilla, y de la espada como desgarramiento, y
del deseo como forma de decapitarse, se vislumbra en la última película
del gran Zhan Yimou, 1951, "La maldición de la flor dorada", 2006, la
tercera o la cuarta (en línea por tomos desde "El Sorgo Rojo, 1988, que
puede ser parte de cuatro o cinco mas).
El autor
chino, que nos ha deleitado con secreto de poeta, la grandeza del arte
escénico al servicio de la imagen cinematográfica. Otra cosa es
Shakespeare, prohibido por la revolución cultural del año 68; que
sabemos que este chino fotógrafo es el mejor del momento, que viene de
años de experiencia, meditando el sentimiento autodestructivo del otro,
que no existe mientras haya uno que por herencia asume el poder
absoluto. Este desparpajo humano tiene que haber venido de otro planeta
parecido al mundo, porque nosotros no calificamos para semejante
esclavitud.
Ya lo dije
desde la revolución china moderna, viene la quinta generación de autores
de cine, y que lo mueve el amor como todo la clásico, lo barroco o
simplemente la igualdad por quantas en el ejército Rojo, en el cine de
Yimou, más que nadie mas, haciendo otros Budas fuera de palacios
imperiales.
Nos sacó de
casillas con "La linterna roja", prohibida en China, con "Ni uno menos",
una de mis preferidas, por ese detectar gestos que son universales, de
ahí mi caricatura de los tonos humanos parecidos: ese japonés es
igualitíco a un boliviano. "la Casa de las dagas voladoras": los
primeros 10 minutos más sobresalientes que hayamos visto en el campo de
la música de percusión y la danza para el deleite del ojo del cine, con
la bella Zhang Ziyi. "Héroe" y "El camino a casa", cuál más interesante
y hermosa.
A título de
defensa a ultranza

Pero la
novedad en cartelera es ahora "La maldición de la flor dorada", o sea el
crisantemo en su celebración primaveral para un invento de un Emperador
por tapar la mierda que ha cosechado como un gato: como se hace una
tragedia con la tragedia como origen de esta inestabilidad emocional,
nos iríamos con Mao y lo que heredaron las dictaduras sanguinarias del
siglo XX, de este retrato, de esta adaptación a un guión como respuesta
a un gran aprendizaje, que hace y muestra el filme, siglo 10!!!, en vez
de comparar para desechar con las tragedias clásicas de occidente.
Ah, si no
amamos la digital, como incertidumbre del hacerlo bueno, dejemos de ver
cine, porque nunca mas vamos a disfrutar de una película tecnologizada,
con nuestra obsesiva capacidad natural para la edición, en este caso un
autor haciendo su contrareforma a la imagen a su manera, sin dineros del
imperialismo macartista. Ya que nuestra risa ruido está mal
acostumbrada, con nuestra incómoda realidad, ahíta de imaginaciones
complacientes.
No necesito
explicaciones porque el Dogma 95 le dio la oportunidad a los autores de
mejorar la realidad con la misma realidad, convirtiéndose en la odiosa
realidad que nosotros mismos salpicamos de imaginación, y que comparada,
China nos hace el baluarte de una tradición que no desentona con su
rancia y proselitista historia, multiplica nuestros afectos.
Dogma 95
trata de crear otro sentimiento entre burgueses aburridos, con una pizca
de sensibilidad, ligada a una liberación crítica, que afortunadamente
disfrutamos, pero "La maldición de la flor dorada", son escuelas de
actuación mil veces renovadas hasta el prurito de lo extramítico, la
caída en un tiempo de grandeza en la interpretación del objeto expuesto
a las burlas y al rechazo, y a la vez sujeción a terribles coacciones
con el espíritu milenario del ser, por un sobornador (el Emperador) que
pasa toda su vida estudiando los hongos venenosos mientras sueña todo el
tiempo con su espada de maravillosos metales, de increíbles cerrajas, de
oro y plata, y la suerte que no existe en estas circunstancias nos hace
descender a la insatisfacción total.
No cabe duda
de que he visto una obra maestra con reparos de incertidumbre al
superhombre. Y como todo lo que masacra el imperio, se limpia y no ha
pasado nada.
A Esquilo y
su segundo actor
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