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El Gran Torino, de Clint
Eastwood
Wally “El Sucio”
Por Oswaldo Osorio
03.23.2009
¡Ésta
sí es una película de Clint Eastwood! Dirán seguramente quienes
crecieron (y envejecieron) viendo al vaquero Sin Nombre de Sergio Leone
y al duro policía de Don Siegel. Luego el mismo Eastwood, como
director, continuaría los pasos de sus dos maestros, haciendo películas
de individualistas con madera de anti-héroes, definidos por su
honestidad y sus principios firmes, aunque muchas veces algo fascistas.
Pero a pesar de que acababa de hacer dos “películas de chicas” (Golpes
del destino y El Sustituto) un tanto sentimentales y
condescendientes, vuelve a sus viejas andadas con esta cinta impecable
en su elaboración y contundente en sus planteamientos.
Sin hacer demasiado alarde, ni visual
ni narrativo, el veterano Eastwood encara, delante y detrás de la
cámara, una historia tan simple en su argumento como compleja en sus
implicaciones. Con su mirada de viejo sabio, pero mascullando en tono
recriminatorio y con el lenguaje que conoce, le da una mirada a su
querida Norteamérica y a algunos de sus problemas más críticos: la
violencia, el racismo y la intolerancia.
Luego de la muerte de su esposa, a
Walt kowalski no le queda nada en la vida. Ni familia, ni salud y ni
siquiera el país por el que luchó. Desde las primeras escenas el
director-actor deja clara su posición desengañada y de desprecio (sin
ahorrarse los escupitajos) ante las nuevas generaciones y su pérdida de
valores, así como ante la sociedad entera, que es el resultado de esos
nuevos valores.
Sin embargo, tampoco es radical, pues
demuestra que puede dialogar con quienes están dispuestos a hacerlo,
quienes por más diferentes que sean, tienen en común con él los mismos
principios de civilidad y respeto. La crítica a la situación de su país
se evidencia aún más cuando los únicos interlocutores que encuentra son
sus vecinos de origen vietnamita. ¿Por qué justo esos chinos “contra”
los que luchó en Corea? ¿Es que ya no es posible establecer ese diálogo
con los de su país? La respuesta a esto es clara por la forma implacable
en que describe a sus indolentes hijos y sus detestables nietos.
Si bien el esquema es conocido, el del
viejo cascarrabias que termina demostrando su nobleza ante la gente más
inesperada, a partir de él Clint Eastwood recupera un personaje ya
definido en muchas de sus cintas como actor y/o director, desde Harry
“El Sucio” (1971) hasta Deuda de sangre (2000). Es un
personaje que funciona perfectamente como agente dramático y de acción,
pero también para reflexionar sobre la sociedad y la naturaleza humana.
Aunque ahora es un personaje más sosegado, igual que la cadencia
narrativa de sus filmes, sin que esta calma socave de forma alguna la
determinación de su carácter o su áspera y honesta visión del mundo.
Y justamente de estas últimas
características es que se desprende el inesperado y refrescante
ingrediente de humor que tiene este filme, a pesar de ser una historia
sometida a una constante tensión por la amenaza de los antagonistas. La
actitud políticamente incorrecta y declaradamente racista de Walt
Kowalski, en especial en la relación con sus jóvenes vecinos, resulta
siempre espontánea y divertida. Pero si bien es cómica la sarta de
insultos y agravios a sus nuevos amigos, más que ofender, se evidencia
que ésta es la forma de acercarse entre ellos, para no caer en
sentimentalismos o delicadezas que no van con su naturaleza.
Hacia el final, esa tensión de la
historia se hace más fuerte, se consolida la relación entre el viejo
patriota y los inmigrantes “chinos”, el humor sigue salpicando los
diálogos, pero la crítica situación social a la que están sometidos no
les deja otra salida que la confrontación, que la necesidad de tomar
medidas tan radicales como la amenaza que los agravia. Y el viejo Clint
Eastwood-Walt Kowalski hace lo que tiene que hacer, proporcionándonos un
desenlace con todas las buenas virtudes de su carácter y su cine:
rudeza, principios férreos, integridad humanista y contundencia
cinematográfica.
Publicado el 20 de marzo de 2009 en
el periódico El Mundo de Medellín.
Título original:
Gran Torino
Dirección:
Clint Eastwood
Guión:
Nick Schenk; basado en un argumento de David
Johannson y Nick Schenk
Producción:
Clint Eastwood, Robert Lorenz y Bill Gerber
Música:
Kyle Eastwood y Michael Stevens
Fotografía:
Tom Stern
Reparto:
Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her, Brian Haley.
USA – 2008 - 116 min.
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