Summa
del cuerpo: la poesía de Alvarado Tenorio
por Miguel Iriarte
El reencuentro personal con el poeta
Alvarado Tenorio en la oportunidad de su más reciente visita a
Barranquilla fue verdaderamente gratificante, como gratificante ha
sido el reencuentro con su poesía, en especial con la que está
contenida en éste su más reciente libro titulado Summa del
Cuerpo, que es, desde luego, una summa de su poesía, y que fue
presentado en nuestra ciudad en el marco de la programación
cultural de la Biblioteca Piloto del Caribe. Ocasión que ha servido
para renovar en este modesto lector de su poesía la experiencia que
significó la lectura de estos mismos poemas cuando hace casi 20 años,
19 para ser exactos, fueron publicados en su mayoría por vez
primera bajo el bello título kavafiano de Recuerda Cuerpo.
El ejercicio de cotejar las ediciones y mirar qué poemas estaban y
ahora no están, o qué nuevas intervenciones hay en unos y otros,
es uno de esos quehaceres de lector que nos ayudan no sólo a
disfrutar la historia secreta de una literatura, sino a entender
también un poco el alma de los poetas que queremos.
Summa del Cuerpo es así entonces una rigurosa
selección, una síntesis sin concesiones, extraída de las seis
partes que conformaban la edición original de Recuerda Cuerpo,
en la que ahora hallamos inclusive algunos textos ajustados
sabiamente por la madurez y la experiencia de este poeta que no
dudamos en considerar no sólo como uno de los más destacados de su
generación, la que él mismo llamó en un interesante ensayo la
generación desencantada; como no es sólo tampoco uno de los más
importantes escritores de la literatura colombiana contemporánea;
tendríamos que decir más bien que es uno de los artistas
definitivos de la que, para bien o para mal, es la tradición
cultural y artística de este país.
Harold Alvarado Tenorio es un poeta,
ensayista, cronista, periodista y traductor, que en su poligrafía
ha dejado en nuestra literatura la huella de una fuerte
personalidad, de una exquisita sensibilidad e inteligencia, y el
desafío de una valentía y honestidad que subvirtió la media tinta
y la pacatería de mucha poesía colombiana con la que no pudieron
siquiera los escándalos y los chistes efectistas del Nadaísmo. En
Alvarado Tenorio toda esa franca asunción hedonista y sensualista
del cuerpo y del sexo que encuentra en su poesía un territorio al
mismo tiempo propicio para el goce ilimitado y profundo del amor
pero también para lo abyecto, no es otra cosa que una sincera invitación a la libertad poética
del cuerpo, misma que por sincera puede quedar cabalmente expresada
en los siguientes versos de Kavafis: "No es para cuerpos
tímidos / la voluptuosidad de estas llamas".
Pero como tampoco es sólo sobre el cuerpo
donde se escribe esta poesía, como no es un cuerpo inscrito y
escrito solamente en y por el deseo, hay que decir también entonces
que es un cuerpo que se encanta en la música de Mendelssolm, en el
timbal y la flauta, en la obertura solemne de 1812, en los tangos de San Telmo en Buenos Aires,
y en las danzas folclóricas de los días de junio; disfruta también
del paisaje de otros cuerpos y viaja ansioso por diversos
parajes del planeta hacia una naturaleza igualmente deseada,
pansexual.
"Somos en razón de que
deseamos", dijo alguna vez Octavio Paz, y esta idea del poeta
mejicano me permite ver en este libro de Alvarado Tenorio la
pretensión de una totalización del universo y de la vida por
virtud de lo que siente y percibe la voraz vitalidad de un poeta que
no quiere perderse de probar y conocer, hasta la absoluta saciedad,
todo lo que la vida le presenta en
términos de procesos sensibles: cuerpos de hombres o
mujeres, paisajes, ciudades, otras literaturas, las lunas de todos
los cielos, las noches, otras lenguas, otras lecturas, sabores de
platos exquisitos, o de cuerpos, la belleza o el deterioro, un
palacio o una pocilga...
Summa de su poesía y de su vida, este
libro es también la más completa síntesis de su escritura, de una
manera de representar su pensamiento y su sensibilidad con un estilo
sometido a un riguroso proceso de adelgazamiento y purificación en
el que sólo lo esencial, la palabra ciertamente presentida, sentida
y meditada, tiene la posibilidad de ser discurso poético. Así, la
poesía de este cuerpo vivo y escrito ostenta una engañosa
elementalidad en la que ya se ha prescindido de toda vana palabrería
y de toda pretensión retórica para decir entonces la poesía con
todos los riesgos de la palabra elegida. Elementalidad, pureza y
claridad que a nuestro poeta le representan la más cualificada
afinación para cantar un universo de complejas percepciones y
emociones, sofisticadas referencias culturales, vivencias o
experiencias presentidas por una sensibilidad a la que nada le ha
sido ajeno.
Sin embargo, para todo ello el poeta sólo
parece tener una inteligencia que conoce a fondo el ejercicio del
arte literario, un cuerpo sabio a fuerza de vivirlo todo, y la poesía,
la que invita a los espléndidos banquetes de los sueños y a las no
menos espléndidas vigilias de la realidad,... la detestada, la
leprosa, la purulenta, la mejor de las hembras, la mejor madre, la
mejor esposa, la mejor hermana, y la más larga y gozosa de las
noches, como Alvarado Tenorio tan certeramente la define.
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Miguel Iriarte: miriarte@clena.org
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