Haiku y la
estética japonesa
por
Ryukichi Terao
Cuando
Yasunari Kawabata ganó el Premio Nobel de Literatura, por primera vez
en la historia de la literatura japonesa, él habló, en
su discurso de la ceremonia, de la estética tradicional
de la cultura japonesa, que consistía fundamentalmente
en apreciar la belleza de la naturaleza y del cambio de
estaciones, y afirmó que la fuente de inspiración más
importante para las creaciones artísticas en la cultura
japonesa era el deseo de compartir esta belleza con los
vecinos. Desde la antigüedad el pueblo japonés, que
tiene cuatro estaciones bien marcadas, nunca ha dejado
de apreciar la belleza de la naturaleza, especialmente
la naturaleza típica de cada estación. Esto lo verifica
el inmenso vocabulario del idioma japonés para expresar
la variedad de la naturaleza; sólo para expresar la
lluvia podemos enumerar fácilmente más de 10 palabras, y
cada temporada tiene su forma de la lluvia. En este
aspecto el idioma
japonés tiene una expresividad superior a las lenguas
occidentales, incluyendo el español. Así, la naturaleza,
desde la antigüedad, hasta hoy día, ha sido el tema más
importante de la poesía japonesa, especialmente de Tanka
y Haiku, del que vamos a
hablar en adelante.
Ya
en el comienzo del siglo X, Kino Tsurayuki, uno de los poetas
más
importantes de
esa época, en el prólogo de La antología de las
poesías antiguas y contemporáneas, que él mismo editó en
905, dice que los dos temas fundamentales de la poesía
son el amor y la naturaleza. Mientras que los poetas de
Tanka se inclinaron bastante hacia el tema del amor,
Haiku, que aparece más de 800
años después de Tanka, siempre se mantuvo fiel al tema
de la naturaleza.
El
tono fundamental de la poesía japonesa es su
espontaneidad ante la naturaleza. En la poesía japonesa,
no existe tal cosa como la Musa. La gente, culta o
inculta, encuentra lo bello de la naturaleza, e
inmediatamente siente la ansia compartirla con sus
vecinos en forma de poesía. Este haiku de Onitsura expresa muy bien esta
espontaneidad de la poesía japonesa:
¿Quién
no / tomará pluma? / Ante la luna de hoy
Frente
la belleza de la
naturaleza, al poeta le sale espontáneamente el
ritmo que se forma por la combinación de versos de 5 y 7
sílabas; La combinación de y 7 sílabas es el arquetipo
del ritmo de la poesía japonesa, arraigada profundamente
en el pueblo japonés, y se observa ya desde la primera
colección de la poesía japonesa, que se editó en el
siglo VIII. Hasta hoy día, muchas canciones populares
utilizan esta forma de versificación. Este ritmo se
quedó definitivamente establecido cuando se inventó el
abecedario japonés alrededor del siglo X. Antes de eso,
los japoneses no teníamos nuestra propia escritura,
y teníamos que acudir a los caracteres chinos. El
invento del abecedario japonés, según el que una letra
corresponde siempre a una sílaba, facilitó mucho la
versificación de la poesía, y trajo, como resultado, el
florecimiento de la poesía de Tanka, en que los versos
se ordenan en 31 sílabas, divididas en 5 versos de
5-7-5-7-7 sílabas. Esta forma de poesía, desde el
comienzo, no era una creación individual. Aparte de que
en la mayoría de las veces los poetas se reunían en
ciertos lugares para hacer las poesías, existía una
curiosa forma de colaboración para hacer una sola poesía
de la siguiente manera; la primera persona formula
solamente los primeros tres versos de 5-7-5, y se la
pasa a otra persona para que la complemente con los
últimos dos versos de 7-7. Este tipo de obra colectiva
para hacer una poesía se practicaba mucho en los siglos
X y XI, e incluso aparecen varias anécdotas sobre esto,
por ejemplo, en El libro de la almohada (994), una de
las obras clásicas de la literatura japonesa. Este hecho
indica que, desde la antigüedad, la poesía japonesa no
fue la expresión individualista sino más bien la
búsqueda de compartir el sentimiento ante la
naturaleza.
Esta
forma de creación se desarrolló, o mejor dicho, se
popularizó para dar en el siglo XV otra forma de
creación cooperativa que se llama Renga. Mientras que
Tanka era artística y practicada principalmente por la
gente noble de la corte, Renga era esencialmente un
juego desde el comienzo y luego se convirtió en una de
las pocas diversiones que tenía la gente popular de esa
época, a la que le tocó vivir las sucesivas guerras. El
juego se practica de la siguiente manera; la primera
persona inaugura el juego con dos versos de 5 y 7
sílabas escogiendo un tema cualquiera; luego la segunda
persona, siguiendo el mismo tema, colabora otros dos
versos de 5 y 7, y así sucesivamente mucha gente entra
en el juego siempre aportando el par de 5-7 manteniendo
el mismo hilo del desarrollo. Es un juego instantáneo
como el Jazz, en que todo se desarrolla por la
improvisación del participante. Y como era muy sencillo
y no requería ninguna erudición, hasta la gente sin
ninguna preparación podía participar en el juego y se
podía divertir, haciendo bromas, críticas satíricas y
blasfemias. Aunque nunca llegó a ser un arte
formal, como
Tanka, Renga constituía una parte esencial de la cultura
popular de la época de las guerras (los siglos XV y
XVI).
Haiku
se considera como hijo directo de Renga. Después de la
formación del gobierno de Edo
en 1603, se acabó la época de la guerra, y con el
establecimiento de la paz social, volvieron los afanes
por las actividades artísticas, especialmente entre la
gente de la clase burguesa. En medio del florecimiento
cultural que se dio alrededor del año 1700, conocido
como la época de Genroku,
Haiku fue ganando el estatus
del arte. El poeta que lo estableció definitivamente
como un género de arte literario era Matsuo Basho (1644-1694), el fundador de Haiku tradicional. La forma esencial
de Haiku consiste en el uso de
los tres primeros
versos de Renga; es decir, es una poesía de sólo
17 sílabas, repartidas en los tres versos de 5-7-5
sílabas. Es todavía más corta que la Tanka, que tenía 31
sálabas, y hasta ahora se ha
dicho que es la forma más corta de la poesía en el
mundo.
¿Cómo
es posible hacer una poesía en sólo 17 sílabas? Lo que
hace posible esta forma de creación es la existencia de
la sensibilidad común, que se formó durante el largo
tiempo del aislamiento cultural de Japón. Desde el año
894, en que el gobierno dejó de mandar a los estudiantes
al gobierno chino, durante más de 600 años, Japón no
tuvo intercambios culturales importantes con ningún país
extranjero salvo en ocasiones esporádicas. Por ejemplo,
en el siglo XVI, llegaron algunos jesuitas,
pero el gobierno de Edo
rápido prohibió el cristianismo y en 1639 prácticamente
echaron a todos los extranjeros del país. De tal manera
que en Japón se formó una sociedad supremamente
homogénea, y al mismo tiempo se fue formando una
sensibilidad peculiar en el pueblo, que se caracteriza
por la ambigüedad. Los términos japoneses para expresar
esta sensibilidad, palabras como aware, okashi, wabi, sabi, son palabras intraducibles y
no somos capaces de explicarlos ni siquiera en japonés.
Son sentimientos que existen en la profundidad de
nuestro espíritu y que sólo se asoman a la superficie
como reacciones a ciertos estímulos. Como dijo
acertadamente Octavio Paz, nuestra cultura tradicional
no está fundamentada sobre la razón; más que pensar, lo
esencial consiste en sentir ese algo, que no es mera
sensación ni menos pensamientos.
En
una cultura homogénea como la nuestra, la gente no
expresa lo obvio. No hay necesidad, porque sabemos que
todos vemos las mismas cosas. No hay necesidad de
expresarse a sí mismo, porque lo entienden sin que diga
muchas palabras. Más que
hacerse entender, la gente busca compartir esos
sentimientos profundos con sus vecinos: sentimientos inefables que no se
pueden expresar sino que sólo se pueden insinuar
mediante el uso especial y supremamente conciso de las
palabras. La poesía japonesa es la forma suprema de esta
forma de comunicación; insinúa apenas una que otra cosa
y deja que los otros complementen el resto. Así el autor
busca confirmar que en lo más profundo del mundo interior tiene en común la misma
sensibilidad ante la realidad con los lectores. Como
consecuencia, la literatura japonesa aparece,
especialmente a los ojos de los occidentales, demasiado
incompleta y fragmentaria; desde El libro de la
almohada, El libro del ocio, incluso La historia de
Genji, que es una novela
extensa, comparable a En busca
del tiempo perdido de Marcel Proust, la fragmentariedad es un rasgo
particular de la literatura japonesa.
Haiku
es la forma más desarrollada de esta fragmentariedad. A través de unas
cuantas palabras intenta dar una vibración a la
sensibilidad más profunda de los lectores. Y a la vez
los lectores, aunque no saben decir
exactamente
qué es lo que sienten, perciben la resonancia, originada
por estas pocas palabras, en lo más profundo de su mundo
interior. Muchos críticos occidentales afirman que Haiku es la obra abierta que permite
la interpretación libre de los lectores, pero eso
es cierto sólo parcialmente.
La
verdad es que ni el lector ni el autor da la
interpretación en el sentido
exacto
de la palabra; ninguno sabe lo que se dice; sólo lo
siente, o más bien, lo presiente. El autor nunca impone
su subjetividad, como en el romanticismo europeo, sino
ofrece lo que siente con modestia para compartirlo con
sus compañeros. De hecho, Haiku, igual que Tanka, casi nunca
se hace individualmente, hasta hoy día, se practica en
companía de muchos compañeros.
Dijimos que el tema fundamental de la literatura japonesa era
la naturaleza. Lo que se comunica en Haiku es la sensibilidad ante
la
naturaleza;
cómo ver la naturaleza, cómo sentirla. En este punto la
cosmovisión budista es esencial en la creación de Haiku. Destaquemos una vez más que
los primeros poetas de Haiku
eran todos budistas, empezando por Basho. En el mundo budista no existe
diferencia entre
las platas, los animales y los
seres humanos. A diferencia del mundo católico, todos
estamos en el mismo nivel. De ahí viene la profunda
simpatía que tenemos los budistas con la naturaleza, y
el gran anhelo que sentimos por la naturaleza,
especialmente la naturaleza estacional.
En este aspecto interviene otro factor importante que
también tiene el origen en el budismo: conciencia de lo
efímero de la vida humana.
Este
mundo del rocío / es el mundo del rocío / pero
aun...
Este
poema de Issa, aparentemente
incompleto, muestra muy bien el
reconocimiento
de lo efímero del mundo y, al mismo tiempo, el
sentimiento de inconformidad con esta inestabilidad.
Esta conciencia lleva inevitablemente a los poetas a
enfrentarse con el ciclo de las estaciones y su
correspondiente cambio de la naturaleza. No es gratuito
que Haiku siempre tenga una
palabra que indique una estación específica. Es un canto
hacia la naturaleza estacional. Mientras que la vida de
un individuo es efímera y dura apenas 50, 60 años, la
naturaleza, aunque desaparezca completamente el ser
humano, perdura siempre y las estaciones nunca dejan de
volver.
Haiku
manifiesta el anhelo de unirse con esta naturaleza
cíclica y apropiarse de una pequeña parte de ella. Los
poetas de haiku se vacían a sí
mismo, no en el sentido del nihilismo europeo sino en el
sentido budista de Zen,
para fundirse en la naturaleza, y de ese estado
espiritual corta un pequeño pedazo de la naturaleza. Por
lo tanto, las poesías de Haiku, a la primera vista, parecen
supremamente objetivas. Pero a la vez, en la misma
selección para hacer el
corte se refleja lo más profundo de la
sensibilidad, el punto de vista personal, del poeta. Ser objetivo y
subjetivo al mismo
tiempo, la
contradicción, que buscaron realizar los surrealistas
europeos, deja de
ser contradicción en Haiku.
Aquí
se podrá señalar la semejanza que existe entre el Haiku y la fotografía. Los japoneses
tenemos la fama de andar cargando siempre una cámara,
pero esto también tiene su fundamento cultural. Refleja
este anhelo de apropiarse de una escena que escoge uno y
de compartir después su selección con sus amigos. El
Haiku y la fotografía apuntan
a la misma dirección: compartir la sensibilidad ante la
naturaleza y eternizar la escena recortada por la
selección del autor. Pero el Haiku, en algunos aspectos, es
superior a la fotografía. Citemos un Haiku clásico, de Yosa Buson, que es sucesor de Basho, como ejemplo:
La
flor de colza / y la luna al este / el sol al
oeste
Este
corte no se puede hacer en la fotografía. La luna y el
sol, que están en los dos polos opuestos, no pueden juntarse en una
misma fotografía. Pero en Haiku sí; la flor de colza, la luna
y el sol se unen en un mismo plano después de pasar por
la sensibilidad del poeta, y esta unión se concreta en forma de este haiku maravilloso. Lo que insistió
repetidas veces Basho era
justamente eso: hacer su propio corte de la naturaleza
en que se unen los varios objetos naturales en un plano
para sugerir la relación secreta que
subsiste
entre ellos, y es
en esa unión donde se exterioriza su sensibilidad, que
será comunicada a los lectores a través de Haiku. Esta es la esencia de Haiku de Basho, que hasta hoy día sigue
siendo la forma principal de Haiku japonés.
Citemos
algunos ejemplos de las obras de Basho:
El
silencio / el canto de la
cigarra / penetra la roca
Aquí
se observa claramente la poética de Basho.
La
siguiente poesía
es realmente bella:
Se
va la primavera / pájaro llora, los ojos /
de pez lagrimean
La
nostalgia hacia la primavera que se proyecta en los dos
animales.
El
siguiente ejemplo es interesante:
Enfermo
en el viaje / mi
sueño recorre / llanos desnudos
Hasta
delirando de la fiebre, Basho
busca la unión con el paisaje del
invierno.
El
siguiente ejemplo es de Moritake:
Flores
que vuelven / volando a la rama / eran
mariposas.
Ahora
para terminar, citemos un haiku de Masaoka Shiki, el poeta de la época de Meiji, que resume lo hasta ahora
venimos hablando.
¿Cuántas
veces / he preguntado por / la altura de la
nevada?
Es
un poema realmente bello.
Masaoka sufrió mucho tiempo de
la tuberculosis, por la que murió finalmente, y en el
momento de escribir esta poesía también estaba enfermo en la cama. Como él mismo no
se puede asomar a la ventana, pregunta a sus vecinos
cuánto ha nevada afuera. Ni siquiera en el momento en
que estuvo padeciendo de la terrible tos, se le olvida
el transcurso del invierno. Aunque no puede apreciar la
naturaleza por sus ojos, se la imagina e intenta
compartir la belleza natural con sus vecinos.
Desde
la Restitución de Meiji, que
tuvo lugar en 1868, la sociedad japonesa ha cambiado
mucho. Nos hemos asimilado voluntariamente la cultura
occidental para la modernización del país, que siempre
equivalía a occidentalización,
y la sensibilidad de los artistas también ha venido
cambiando. Mientras que los novelistas japoneses de la
época moderna, para bien o para mal, se han quedado
bastante afectos a la cultura occidental, los poetas de
Haiku han sido siempre fieles
a su tradición. Haiku, en este
sentido, es un género muy conservador, que ha servido
para proteger la sensibilidad japonesa de la influencia
de la cultura occidental. Y ahora que estamos perdiendo
hasta esta sensibilidad japonesa tradicional, quiero
destacar una vez más que es importante saber apreciar su
valor.
En
el mundo occidental existe una tendencia que se llama
ecologismo; en la cultura oriental nunca existió este
concepto. De hecho en japonés no existe ninguna palabra equivalente. No
existe, porque es demasiado
obvio que nosotros, los seres humanos también formamos
parte de la naturaleza y que vivimos en la naturaleza.
La estética de la cultura japonesa, que consiste en ese
anhelo de unirse a la naturaleza y ese deseo de
compartir el gozo de la belleza natural con sus vecinos,
manifestado magistralmente en las poesías de Haiku, puede aportar una clave para
abrir un camino hacia el futuro de los seres
humanos.
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