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Élmer Mendoza, ayer en el jardín de Tusquets, en Barcelona. Foto:
ALBERT BERTRAN |
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Élmer Mendoza profundiza en el narcotráfico mexicano
• El
novelista presenta en España 'El amante de Janis Joplin'
M. EUGENIA IBÁÑEZ
BARCELONA
A Élmer Mendoza le cambia la cara cuando se le pregunta por qué Janis
Joplin da título a su última novela, cuyos temas centrales son el
narcotráfico y la corrupción en el México de los años 70. Al escritor se
le achinan los ojos y se le escapa una media sonrisa al confesar que el
argumento de la novela no necesitaba a la cantante norteamericana, pero
que la incluyó porque formó parte de su educación sentimental y también
por su tendencia a admirar a los transgresores.
Y la
cantante lo fue.
El
amante de Janis Joplin
(Tusquets), primer título de Mendoza en España, llega con la tarjeta de
recomendación de Arturo Pérez-Reverte, quien no ha tenido reparos en
llamar "maestro" al autor mexicano y reconocer la ayuda que le
prestó para ambientar su última novela, La Reina del Sur. Ambos
comparten la fascinación por describir el mundo del narcotráfico mexicano
y su léxico, cuyas formas e inflexiones han reproducido. "Son modismos
de una lengua común, el español, y es bueno que conozcamos esas
variantes", añade el autor.
CONTROLAR A LOS POLÍTICOS
Mendoza (Culiacán, 1949), catedrático de literatura en la universidad de
Sinaloa, ha escrito tres volúmenes de relatos breves, una primera novela,
Un asesino solitario, aun no publicada en España, y varias crónicas
sobre el narcotráfico. El autor explica que el Estado de Sinaloa es la
región donde hacia 1940, y por un acuerdo con el Gobierno de EEUU, comenzó
el cultivo extensivo de cannabis para abastecer a las tropas
norteamericanas que luchaban en Europa, "pero no de droga, sino como
medicamento". En 1970, la droga y el narcotráfico eran ya uno de los
negocios más fuertes de la zona.
El
amante de Janis Joplin
transcurre en esa época y arranca con un episodio similar al de La
Reina del Sur, un homicidio en defensa propia que obliga al
protagonista, poco menos que el tonto del pueblo, a huir para evitar la
venganza de la familia narco de la víctima. El muchacho huye por
necesidad, sin buscarlo se convierte en el pitcher del equipo de
béisbol de los Dodgers de Los Ángeles y vive ocho minutos de amor con
Janis Joplin, se supone que poco antes de la muerte real de la cantante,
el 3 de octubre de 1970.
Mendoza dice que la elección de un muchacho ingenuo como protagonista es
una metáfora de la sociedad mexicana de los años 70, especialmente la del
norte, "encajonada entre la violencia de dos poderes muy fuertes: los
narcos y la guerrilla". El autor afirma que, 30 años después, la
guerrilla ha desaparecido pero el poder de los señores de la droga
se mantiene: "Vivo en una región de 2 millones de habitantes con 500
asesinatos al año y cuyo gobernador acaba de decir que hay 500 bandas del
crimen organizado".
Añade que, como contrapartida, ese mundo de la droga ha generado cierta
prosperidad en Sinaloa, ha creado puestos de trabajo y ha reducido el
paro, endémico en otros puntos de México. ¿Por qué entonces los jóvenes se
dedican al tráfico? Mendoza obtuvo la respuesta en el curso de una
investigación para documentar sus crónicas: "No lo hacen por hambre,
sino para ganar dinero rápido, por el atractivo del riesgo, para controlar
a la policía, al ejército y a los políticos".
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