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"ME DIO LA VEJEZ POR
ESCRIBIR DE LO QUE NUNCA HE PROBADO: LAS MUJERES"
Por: Manuel Tiberio Bermúdez
Luego de larga ausencia de la Capital
del Valle, el pasado 29 de abril, regresó a esta ciudad el escritor
Gustavo Álvarez Gardeazábal para presentar en sociedad su más reciente
producción literaria "Las Mujeres y la Muerte".
Rodeado de amigos, curiosos,
malquerientes y admiradores que esperan siempre sus
pronunciamientos, que son como un
ácido que limpia de la pasiva rutina a un país
mudo, maltratado y en guerra, Álvarez
Gardeazábal hizo retumbar su voz desde la
Librería Nacional del Oeste en Cali,
para despertar los adormilados habitantes de este Valle del Cauca que
extrañan sus palabras premonitorias y burlonas.
La presentación del libro estuvo a
cargo de su amigo y poeta Omar Ortiz quien en su intervención señaló "no
somos un pueblo heroico, más bien nos caracterizamos por nuestra
proverbial capacidad para el sufrimiento, para la resignación, para el
sometimiento, es decir, para la cobardía. En Colombia no afrontamos la
vida: la padecemos; y recordamos orgullosos como a nuestra Capital,
epicentro del poder político y económico de la Republica, no la fundó un
guerrero sino un tinterillo. De ahí nuestra vocación de picapleitos
esclavos de los formulismos y de los incisos.
¿Dónde entonces los héroes y las
heroínas?
Por ello nuestra literatura es escasa
en figuras corajudas. Una vez nuestros
pomposos, solemnes, católicos e
insoportables hombres de letras aceptaron a pie
juntillas las falacias de Fray Pedro
Simón y las aburridas relaciones de Don Juan de Castellanos como el inicio
de nuestra tradición literaria y nunca miraron las bravías luchas del
pueblo Pijao, para poner un ejemplo, de la defensa de su dignidad y
libertad entonces los hombres, supuestamente valerosos de la ficción
colombiana, cargaron con la obligación de ser una mezcla de pensionado
publico y de vendedor de baratijas, como alguna vez lo expreso Alberto
Aguirre al referirse al personaje central de las novelas de Álvaro Mutis.
¿Y las mujeres? Las mujeres en nuestra
tradición épica no existen. Nuestras heroínas de ficción son María, Alicia
Barrera, Catalina Aguirre de Figueroa, Remedios la Bella, para citar
algunas, lejos de una realidad que ha dado ejemplares femeninos de la
talla de la Gaitana, Manuel Beltrán, Policarpa Salavarrieta, Maria Cano,
que todavía esperan la obra literaria que les haga justicia. Pero junto a
estos notables nombres hay millares de anónimas mujeres que enfrentan por
tradición histórica, no solo la exclusión y el marginamiento, sino el peso
de todas nuestras guerras, de nuestra continua e inacabable barbarie."
Las Mujeres de la Muerte, el último
libro publicado por Gustavo Álvarez Gardeazábal, en editorial Mondadori,
cumple en un lenguaje llano, descarnado, despojado de artificios, el
propósito de mostrar esa doble encrucijada que nuestra compleja realidad
ofrece al género femenino".
A su turno el escritor Álvarez
Gardeazábal, con su habitual irreverencia, señalo: "Los había convocado
para presentar en sociedad y en medio del chiste y del chisme, del
jolgorio y las risotadas que me son habituales, Las Mujeres de la Muerte,
libro que he dedicado a Rubiela Pérez Castillo, la mujer que me ha salvado
a lo largo de toda mi existencia como funcionario público, de haber caído
en las garras de las asustadurias.
Nunca creí que entre el momento de la
convocatoria y este tumultuoso acto, me fuera meter otra vez en el ojo del
huracán y terminara de nuevo zarandeado por los mismos oligarcas que me
derrocaron, vituperado por los mismos oligarcas que fueron a la embajada
gringa antes de posesionarme como Gobernador para ver si impedían mi
llegada al Palacio de San Francisco, y estigmatizado por los mismos
oligarcas que desde los salones del Club Colombia, fraguaron todo lo que
han hecho contra mi, contra Cali y contra el Valle del Cauca.
Cuando los convoque, pensaba hablarles
solamente del primer libro que he escrito en mi ya extensa y siempre tan
amablemente acogida por ustedes producción literaria, a hablarles del
primer libro en donde no hablo de política ni tengo personajes o escenas
mariconas.
Pensaba hablarles, de cómo me dio la
vejez por escribir de lo que nunca he probado: las mujeres.
Quedan autorizados todos los
presentes, a contar lo que quieran de esta reunión, a detectar los
personajes reales de "Las Mujeres de la Muerte", a buscarle parecido con
historias e infidelidades que ustedes se saben y a imaginarse lo que
puedan del apetito femenino que se me ha despertado cuando el corazón me
bombea a destiempo, las bisagras me chirrían y el Viagra me salva de no
arruinar el concierto de Rock que mantengo con Alfredo.
No se porque se me mete que este
acumulado de herejías pronunciadas desde el ojo del huracán sea mi canto
del cisne. Me estoy quedando sin salud y sin ganas de vivir. He quedado
sin bienes de fortuna, sin editor y sin muchas cosas mas que no menciono
para que Mario Fernando Prado no crea que estoy llenando el formulario de
inscripción en el Ancianato de Caridad de Tulúa.
Escribir y publicar y promocionar y
vender los libros y conseguir que a uno lo lean se volvió mas difícil que
ganarse el Balotto o tener la visa gringa que tan
estrepitosamente me negaron para que
no recibiera la bequita que las universidades yanquis me otorgaron el mes
pasado.
Me han quedado ustedes: los amigos. Y
antes de irme a los cuarteles de invierno o perderme en las brumas de la
muerte con mis mujeres inventadas, quería decirles que los quiero mucho y
que sino hubiese sido por ustedes, habría cogido el fusil, no para haberme
convertido en el Comandante Paraíso y haber salido a darle bala a los
soldados y a los policías, a los guerrillos y a los paracos, sino a los
injustos y explotadores oligarcas de Cali, que no mueren ni con los dardos
venenosos de mi pluma. ¡Gracias, muchas gracias por venir!; hasta
siempre".
Hasta el ex ministro Angelino
Garzón hizo "cola" para hacer autografiar el
libro "Las Mujeres de la Muerte"
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