|
La tierra de Gilgamesh principio y fin de
las letras
El origen de la literatura, a propósito de
la invasión a Irak
El poema
épico Gilgamesh fue escrito en tablillas de arcilla y caracteres
cuneiformes en Mesopotamia, tierra donde nació la literatura universal.
Evocación de la antiquísima obra, ahora cuando el escenario donde se
escribió es de nuevo centro de feroz confrontación.
Hace por
lo menos 4.500 años, un ser humano de cuyo nombre nadie tiene noticia
escribió en tablillas de arcilla y con caracteres cuneiformes la obra más
antigua de la literatura universal, en un lugar de la región de
Mesopotamia, tal vez ya arrasado por las tropas invasoras en su feroz
arremetida, donde sigue creyéndose que, por paradoja, estaba el Paraíso
Terrenal.
Tanto ese
territorio del planeta como el poema representan una síntesis patética de
la humanidad, de la condición humana, de los contrastes y las luces y
sombras de la historia. El relato bíblico sitúa en Mesopotamia el Paraíso
de Adán y Eva. Las crónicas y la historiografía indican que en esos mismos
contornos se han efectuado azarosas confrontaciones bélicas desde siglos
atrás. Mesopotamia (el Irak de ahora) ha sido cuna y sepulcro de
civilizaciones y culturas, lugar de encuentro y de conflicto, de paz y de
guerra, de vida y muerte, reino de Eros y de Tanatos. Reino, así mismo, de
un monarca, Gilgamesh, que fue cruel y tierno, mixtura de ángel y de
demonio.
El poema
se ha conocido con el nombre de Gilgamesh, en memoria del heróico
protagonista, despótico rey de Uruk, individuo primitivo en sus reacciones
y sentimientos, que sentía pavor de la muerte y expresaba temores y dudas,
como si a partir de sus cavilaciones estuviera inaugurando la reflexión
sobre los temas sempiternos que (muchos siglos después de escrita la obra)
le dieron vida a la filosofía cuando la humanidad superó el estadio del
pensamiento mítico, poético y religioso.
Tal como
se deduce del poema, Gilgamesh era un gobernante perverso hasta cuando
peleó con un poderoso rival salido de los bosques, Enkidu. Los dos
fornidos competidores acabaron convertidos en grandes amigos, hasta el
punto de compartir la difícil tarea de destruir al monstruo Humbaba. Al
morir Enkidu, Gilgamesh se convenció de que no era un semidios y también
podía perecer algún día. Junto con la amistad, la búsqueda obsesiva de la
inmortalidad, de la pócima de la eterna juventud, es tema primordial del
poema.
Los
humanos tienen
contados
sus días.
Todo
cuanto hacen
se lo
lleva el viento.
Si caigo,
habré conquistado la fama.
La gente
dirá: "Gilgamesh cayó
Luchando
contra el fiero Humbaba.
Estoy
decidido a penetrar
en el
bosque de los cedros.
Quiero
fundar mi gloria.
Gilgamesh
no ha sido tan recordado en el mundo occidental como si lo son otros
héroes, desde Hércules, consagrados por los poetas y cronistas de su
tiempo y por los lectores de todas las épocas. Gilgamesh aparece en el
poema como un hombre joven e inexperto, incompetente para ejercer con
sapiencia el poder y, a diferencia de otros protagonistas épicos,
acostumbrado al dolor y al sufrimiento, a la vacilación y al miedo y
sentimental hasta las profundidades del alma: Cuando murió su amigo Enkidu
derramó abundantes lágrimas. Fue así como consiguió en forma lenta, en
medio de adversidades y al principio aborrecido por su propio pueblo, la
prudencia que no ostentó en la juventud.
Amigo:
¿Quién se encumbrara
y pudiera
subir al cielo
y morar
por siempre
con
Samash?
El simple
hombre tiene
sus días
contados.
Haga lo
que haga,
no es más
que un viento.
El poema
de Gilgamesh traspasó las fronteras geográficas y lingüísticas de origen
en versiones sumerias, akadias, babilónicas, asirias e hititas. Es
probable que hubiera sido una obra muy popular en su época. Por algo se le
conservó en la monumental biblioteca de Asurbanipal, el último rey asirio,
cultor de las letras, que ordenó reunir más de 20.000 tablillas (donde se
escribía antes de la invención del libro) en la ciudad de Nínive, que fue
destruida en una de las tantas guerras que han azotado esa región del
globo terráqueo.
En
Mesopotamia nacieron las culturas, los ideales humanos. Pero también ha
sido, en la historia de la humanidad, uno de los más desconcertantes
puntos de confrontación y escenario de mortíferas contiendas.
Tablilla
por tablilla
El
Gilgamesh fue descifrado en paciente labor de lectura y cotejo, tablilla
por tablilla, por el arqueólogo inglés George Smith en 1872. La
escritura
cuneiforme era corriente en la región mesopotámica. Fue desapareciendo
poco a poco al competir con otras formas de composición escrita. Y tal vez
como consecuencia de las guerras.
Pero
sirvió en especial para el intercambio comercial. Contenía un sistema
numérico mediante el cual se escribieron textos matemáticos, astronómicos
y calendáricos. Se ha dicho que el Gilgamesh, que reúne unos trescientos
versos, puede considerarse como la constancia escrita más antigua de la
reflexión sobre la condición humana y sobre qué son y cómo deben vivir los
seres humanos.
Lecturas
diversas
El valor
de una obra literaria, su perdurabilidad, su trascendencia, se afirman con
base en su universalidad y en la riqueza de su potencial de respuestas que
ofrece a los lectores. Es decir, en la variedad de lecturas que
posibilita. Esto sucede con el Gilgamesh.
Quien lea
los versos de este poema épico encontrará motivos para concluir que es un
canto al orden que, por la intervención del héroe, surge después del caos,
que entraña una valiosa lección de altruismo, de solidaridad y de entrega
a la sociedad. Yque puede constituir, además, una primera fuente para la
reflexión sobre la ética y el destino del hombre de viajar por la vida, en
lucha contra incontables monstruos y con la ayuda de los dioses. Las
comparaciones no han sido escasas: Se conocen ensayos en los cuales se
confronta el Gilgamesh con la Odisea y se hace un paralelo entre los
héroes de ambos poemas.
Gilgamesh
y el diluvio
Se ha
encontrado una sorprendente afinidad entre el Gilgamesh y el relato
bíblico del diluvio universal. Claro está que también hay diferencias (Noé
no era inmortal como sí dicen que lo fue Utnapishtin). Entre las
similitudes de las dos narraciones pueden destacarse el lamento por la
degradación de la especie humana, como causa del diluvio, la salvación, en
ambas, de un hombre y sus familias, la construcción de una nave, el arca,
en la cual los escogidos se protegieron y salvaron con ellos una selección
de los animales, la muerte de todos los demás seres vivos, el anuncio por
aves del fin de la tragedia y la localización del arca en las alturas de
un monte al concluir la inundación global.
En el
diluvio del Antiguo Testamento el hombre justo que sobrevivió fue Noé,
como todos sabemos. En el Gilgamesh fue Utnapishtin, a quien los dioses le
otorgaron la inmortalidad. Cuando Gilgamesh lo consultó para obtener de él
el secreto de la vida eterna, supo que éste residía en una planta que
brotaba en el fondo del mar. Gilgamesh la encontró, pero la perdió en el
camino de regreso, porque le fue arrebatada por una serpiente y no tuvo
más remedio que resignarse a la suerte de ser mortal:
Desde los
días antiguos
no hay
nada permanente.
Los que
duermen
y los
muertos,
¡cúanto
se parecen!
Cuando
llega la muerte,
¿quién va
a poder distinguir
al
esclavo del señor?...
Los
dioses deciden
sobre
nuestra muerte
y nuestra
vida,
pero no
revelan
el día
de
nuestra
muerte.
Las voces
de la tierra y del mar le habían advertido al héroe que no sería dueño de
la inmortalidad que buscaba:
¿A donde
vas, Gilgamesh?
La vida
que tú buscas
nunca la
encontrarás.
Lo
dionisíaco llega al máximo en el poema de Gilgamesh, en estos versos, en
los cuales se vislumbra una insistencia en el carpe diem, en vivir al día,
como si estuviera haciéndose la alabanza de la frase de “hoy comamos y
bebamos que mañana moriremos”. ¡La fiesta, la alegría, la alegría, el
cachondeo! -diría un español de Andalucía, heredero de la antiquísima
tradición árabe y judía de la celebración. Noé, el patriarca hebreo, padre
de las razas humanas (los semitas, los camitas y los jafetitas), el
elegido por Yahvé para salvar la especie y protegerse en el Arca, alguna
vez, como se recordaba en las narraciones de la historia sagrada, llegó al
exceso en su culto a Baco, hasta el punto de que uno de sus hijos lo
ridiculizó... Esto, en cuanto a la tradición hebrea y cristiana.
¿Pero
podía haber celebrado también Utnapishtin? ¿Tuvo también acaso inclinación
festiva y dionisíaca, así como se ha dicho que la exhibió Noé? El sentido
de la celebración como destino del hombre, en el Gilgamesh parece que se
justifica por el afán de gozar en la vida actual, en la vida terrena, ante
la conciencia de que no se alcanzaría la inmortalidad.
Cuando
los dioses crearon
a los
humanos
destinaron la muerte para ellos,
guardando
la vida para sí mismos.
Tú,
Gilgamesh, llénate el vientre,
goza de
día y de noche.
Celebra
cada día
una
alegre fiesta,
danza y
juega día y noche.
Ponte
vestidos flamantes
lava tu
cabeza y báñate.
Atiende
el niño
que te
toma de la mano
y
alégrate.
Deléitate
abrazando a tu esposa.
Pues éste
es el destino del hombre.
|