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Poeta colombiano
desnuda las mentiras e imprecisiones en los recuerdos del Nobel
Los errores y
fabulaciones de las memorias de García Márquez
En Vivir Para Contarla, el autor de
Cien Años de Soledad entrega una nueva muestra de su personal estilo que
combina realidad y ficción, datos imprecisos o falsos pero rotundos y
maravillosos. Así lo estableció el investigador Jorge García Usta, quien
revela las "manipulaciones" históricas y las omisiones en los recuerdos
del mayor novelista de Colombia.
Gabriel García Márquez ha sabido
jugar, acaso como ningún otro novelista, con la realidad y la imaginación.
Con habilidad de ilusionista ha barajado las cartas para cautivar al
público, cubriendo su biografía de ficciones y la ficción de biografía,
alimentando así una gabomanía que es fenómeno cultural y marca registrada
al mismo tiempo. Y Vivir para Contarla, el primer tomo de sus memorias, no
es una excepción. De hecho, puso un epígrafe que le permitía jugar esta
partida con toda libertad: "La vida no es la que uno vivió, sino la que
uno recuerda y cómo la recuerda para contarla".
Apoyado en esa frase, jugó con la
memoria a su gusto y antojo; incluso con trampa. Así lo afirma el poeta
colombiano Jorge García Usta, académico de la Universidad de Cartagena,
quien esta semana dictó allí la conferencia Usos de la Memoria, Abusos de
la Desmemoria: una Lectura Polémica de Vivir para Contarla.
Autor de Cómo Aprendió a Escribir
García Márquez, Jorge García Usta afirma que el libro "contiene recuerdos,
frases y datos de ficción, escenas y personajes inverosímiles y abiertas
manipulaciones cronólogicas".
Antes de la publicación, García
Márquez, jugando una vez más con los cruces de verdad y ficción, había
dicho: "Será la novela que quise escribir toda la vida". Y agregaba que se
limitaría a recordar sin recurrir a la invención.
"Finalmente optó por un género y un
epígrafe ambiguo, que le permite ir en las dos direcciones y que origina
errores e imprecisiones. Cuando quiere una cosa, recuerda; cuando quiere
otra, fabula", señala Jorge García Usta, al teléfono desde Cartagena,
Colombia.
Realismo mágico
"La revisión editorial del libro
pasará a la historia como una calamidad", sostiene García Usta. El poeta
se dio el trabajo de encontrar numerosas erratas, en nombres y fechas. Por
ejemplo, García Márquez fija la muerte del guerrillero colombiano
Guadalupe Salcedo "el 6 de junio de 1977", en circunstancias que ocurrió
en 1957; al cocinero Juan de las Nieves, figura bohemia de Cartagena en
los años '40, le cambia el nombre por José Dolores, y dice que en 1949
llevó "fotocopias" de sus cuentos al escritor Dámaso Alonso, pero en esa
época no había fotocopiadoras en Cartagena.
También ha identificado "imprecisiones
históricas de fondo". "Más allá de toda intención de metáfora, es un
exabrupto sostener que 'los conservadores habían gobernado el país desde
la independencia de España, en 1830, hasta la elección de Olaya Herrera un
siglo después'. La independencia fue en 1810 y un siglo después hubo 40
años de gobiernos liberales", precisa.
El relato abunda en "rotundas
simplificaciones" como aquella, dice García Usta, y en su opinión
responden a "la forma fabulosa de aprehender la realidad del escritor o a
confusiones en la escritura". Pero lo que no considera confusión, sino
derechamente manipulación, es la referencia clave del libro: el viaje que
García Márquez emprende con su madre a Aracataca para vender la casa del
abuelo.
El escritor parte su memoria con este
hecho y lo sitúa en 1950. "Eso no fue así y hay documentación demoledora.
El viaje fue en 1952", puntualiza García Usta.
El Viaje a la Semilla, la biografía
del Nobel colombiano escrita por Dasso Saldívar, confirma sus palabras y
es respaldada por el testimonio de Ligia y Luis Enrique García Márquez,
hermanos del novelista. Eligio, el menor del clan, también anota la fecha
de 1952 en su libro Tras las Claves de Melquíades, Historia de Cien Años
de Soledad.
"Ubicar el viaje en el '50 -dice
García Usta- tiene la intención fabulosa de unir tres supuestas epifanías
el mismo año: su llegada a Barranquilla, la publicación de la revista
Crónica y el viaje a Aracataca; tres hechos que lo convertirán en hombre
nuevo. Es una visión mecanicista y providencialista de su formación de
escritor".
Con esa misma intención, García
Márquez toma hechos ocurridos en distintos años y "los pegotea en 1950".
Por ejemplo, la escritura de su primera novela, La Hojarasca, que según su
amigo Gustavo Ibarra Merlano "estaba escrita y corregida" en julio de
1949; las deslumbrantes lecturas de William Faulkner y Virginia Woolf, a
los que había conocido previamente, y algunas anécdotas con sus amigos de
Cartagena, importantes en su biografía literaria, las traslada en el
tiempo "con el único fin de que no se le agriete la tesis de la epifanía,
de la venta de la casa de la familia en Aracataca, supuestamente en 1950,
que es el eje cronológico falso de Vivir para Contarla".
"Creo que´ esto responde a la
intención de dar una visión mágica de su vida, pero es el resultado de un
proceso de selección narrativa racional y que no tiene nada de mágico.
Omite cosas deliberadamente y llega a negar que militó en el Partido
Comunista de Colombia, al que sí perteneció. Es una forma extrañísima de
reescribir su pasado. Abusa de la memoria y de la desmemoria y trata de
imponer hechos sobre la base de su autoridad canónica como escritor",
concluye García Usta.
No ocurrió así
El eje de las memorias de García
Márquez es el viaje que emprende con su madre a Aracataca para vender la
casa del abuelo. El lo sitúa en 1950, año alrededor del cual giran otros
hechos importantes en su vida. Pero ese viaje fue en 1952 y muchos de los
hechos que agrupa en 1950 también sucedieron en años diferentes.
El escritor fija el inicio de la
escritura de su novela La Hojarasca también en 1950, pero el manuscrito ya
estaba terminado y corregido en 1949.
Dice que apartir de 1830 hubo un siglo
de gobiernos conservadores en Colombia, y olvida que en el período los
liberales gobernaron 40 años.
Omite su militancia en el Partido
Comunista Colombiano, al que ingresó en 1954.
Tomado del
Diario La Tercera. Cultura. Fecha edición: 27-04-2003
Santiago- Chile.
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