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'Yo
soy más rockero y vos más conservador' - "Me dice mi viejo"
Habla
el
hijo de Charly y María Rosa Yorio; de su
CD solista, de su difícil adolescencia, de su relación con las
drogas y de qué significa ser "hijo de". Cuenta que
quiere
"llegar al corazón de la gente".
Por
Mariano del Mazo, El Clarín
Lo primero que asoma es una gata sorda. Migue
García cuenta que las gatas blancas que tienen un ojo celeste y el
otro no "son siempre sordas". Blanquita se llama: ajena a todo,
camina por el teclado de un piano y compone acordes extraños. El
paisaje se completa con libros de partituras de Paul Simon, Bob
Dylan y Elton John (abierto en la canción Tiny Dancer), un temerario
perro encerrado en otra habitación y cuadros y esculturas que tienen
una explicación: desde hace 6 años Migue García está en pareja con
la artista plástica Luciana Malfatti.
Ofrece algo
para tomar, fuma un marlboro tras otro y se muestra como un tipo
frágil, algo perturbado pero seguro de sí mismo. Miguel García es
hijo de la fugaz pareja entre Charly García y María Rosa Yorio y se
parece a los dos. Pasó una adolescencia dura ("super conflictiva",
dirá), mantuvo durante años una actitud de
padre de su padre (hay que ver volar a tu papá desde un noveno piso
o contemplar cómo se toma doscientos whiskies y mantener la calma;
el muchacho, parece, la mantiene), fue adicto a las computadoras y
otras drogas, tocó con Fernando Kabusacki y Fernando Samalea,
integró la banda A-Tirador Láser de Lucas Martí y ahora, recién a
los 28, se sacó la "ele" de su nombre de pila y se lanzó como
solista con el disco Quieto o disparo producido, precisamente, por
Martí.
Editado por un sello multinacional, el disco fue bien
criticado: todos coincidieron en que se trata de buenas canciones,
muy en la onda James Taylor, que la tarea de Martí fue clave y que
su voz y su modulación remiten directamente a las de Charly.
Este verano Migue salió a tocar por festivales y Charly
—en el medio de agresiones a fotógrafos y otras estupideces como
llegar tarde al Gesell Rock para tocar 40 minutos, bajarse los
pantalones y tirar un vaso—, apareció imprevistamente como un
verdugo de su propio hijo. Se dijo que no permitió que Migue tocara
en el Gesell, que no quería que el disco se pasara por las radios y
otras delicadezas. ¿Celos, vanidad? Nadie responde. Después todo se
suavizó y Charly salió a decir que en realidad lo que quiere es
resguardar a su único hijo de las garras del negocio del rock.
De todo estoy y mucho más habló Migue García en su
bohemio departamento de Coronel Díaz y Santa Fe, dos pisos más abajo
del de su padre.
¿Cómo se siente haber abandonado el perfil bajo para
salir a la palestra?
Bien. Pero debo decirte que estaba con mucho miedo. Por
suerte hice una especie de semillero con A Tirador Láser con Lucas
(Martí), de quien prácticamente me considero su alumno. Es decir, no
empecé ayer. El de solista era un paso que tenía que dar.
¿Por
qué demoraste tanto en debutar como solista?
Estaba muy cómodo con A Tirador. Aprendí y aprendo mucho
con Lucas. De hecho está muy presente en Quieto o disparo. Era una
banda que me exigía y a la vez me gratificaba. Ahora estoy en una
nueva etapa y me siento feliz.
Se te ve bien...
Estoy muy bien. Hacía dos meses que no escuchaba mi
disco y lo escuché la semana pasada. Era tarde, de madrugada, estaba
solo y muy sensibilizado. Y me encantó. Tengo una misión y es la de
intentar tocar el corazón de la gente. Quiero llegar a mucha gente.
¿Buscaste estar en una multinacional?
Se dio. Tuve ofertas durante todos estos años. Pero el
momento era éste. Y sí, hay un cambio entre ser independiente y
estar en una multinacional. No voy a hablar mal de los indies porque
todos mis amigos son índice. Pero en EMI siento mucho soporte, mucha
ayuda y ninguna intromisión artística. Con Lucas Martí sabíamos que
teníamos que hacer una buena grabación porque el disco se iba a
escuchar por radio.
¿Te costó en el vivo ponerte al frente de una banda?
Sí, sí, al principio sí. Después me fui soltando. Hay
canciones con las que me puedo hacer el loco, saltar, tirarme al
suelo. Tengo como modelo a Pete Townshend (ríe...). Me gustó lo que
dijo mi viejo en una entrevista
"Miguel es
retranquilo pero va a explotar".
¿Explotaste?
No todavía... Mi mensaje actual es de una calma total.
Quiero que se me note la sonrisa cuando canto, quiero poner al
frente conceptos como la familia, el hogar, el unir relaciones
rotas.
¿Pensaste en formar una familia?
¡Claro! Estoy re enamorado de Luciana, queremos tener
hijos. Mi analista dice que Luciana es mi cable a tierra, que si no
fuera por ella estaría en el horno...
¿Hacés terapia?
Voy al psiquiatra hace siglos. Ahora estoy en un momento
muy especial porque me encuentro en el medio de una ecualización de
la medicación (se ríe).
¿Qué tomás?
Básicamente, antidepresivos, antipsicóticos.
¿Esto del hogar es una búsqueda consciente?
Sí, yo no tuve hogar. Mi familia era muy especial. Igual
no eran todas carencias, también había gratificaciones. Qué sé yo,
me tenía que hacer la cama solo de chiquito o pedir una pizza, pero
a los seis años ya escuchaba a Jaco Pastorius. Pero sí, tengo
grandes agujeros, heridas, o al menos raspaduras. Toda mi crianza me
llevó a tener un carácter solitario. Tendía a recluirme. Me hubiese
gustado tener un hermano. Le tengo terror a la soledad.
¿Cómo eras en el colegio?
Fui a dos. Primero a uno estatal y después a uno
privado, esos colegios de hijos de hippies, caros, llenos de
psicopedagogos. Ahí la pasé de terror.
¿Por qué?
Me torturaban, me volvían loco. Yo era el raro, el "hijo
de". No jugaba al fútbol... no sé. Toda esa etapa me marcó mucho.
Cuando tenga hijos los voy a mandar a la escuela pública.
Migue García habla con tranquilidad, esa calma que,
dice, quiere trasmitir a través de su música. Comenta que es un gran
devorador de revistas científicas y que está leyendo mucho sobre lo
que se llama diseño inteligente. "Son unos tipos muy capos,
científicos, probablemente católicos o cristianos, que están
tratando de demostrar la existencia de Dios por medio de la ciencia.
Es muy serio el tema". Toma coca cola y, a pedido, va al piano y
hace una formidable versión de Still Crazy After All These Years,
una de las canciones más bellas de Paul Simon. "Estoy hecho muy a la
medida de los songwriters de los 70. Es lo que escuchaban mis
viejos".
¿Cómo tomaste lo de tu padre, que de algún modo boicoteó
el comienzo de tu carrera solista?
Mirá, no sé. No quiero hablar. Todo eso me provocó un
shock grande. Pero es mi viejo y yo lo amo. Si siento que me
boicotea y lo digo en una entrevista, creo que le estaría faltando
el respeto. A veces tenemos roces porque, como él dice, él es más
rockero y yo más conservador.
Están muy cerca. Apenas dos pisos de distancia.
Y... tiene que ver. Incluso yo trabajé para él, cuidando
sus intereses. Lo conozco bien. Creo que tengo manos que pueden
curar... Y si puedo usarlas con mi viejo... ¿Cómo no las voy a usar?
¿Te costó enfrentarte a esta condición de ser solista y
a la vez "el hijo de"?
Sí, claro que me costó. Mirá, a mí me encanta Sean
Lennon, el hijo de John y Yoko. Su disco Into the Sun es bárbaro. Me
encantó como él encaró todo el tema de exposición pública. Muy
relajado, muy pro. Es mi modelo. Yo a las notas voy neutro y trato
de ser lo menos artista posible.
¿Cuáles son tus cinco discos preferidos de rock
nacional?
Difícil. A ver... Primero, Cómo conseguir chicas, de mi
viejo; después... Los niños que escriben en el cielo, de Spinetta
Jade. Tercero, Wadu-Wadu, de Virus. Del 63 de Fito Páez. Y quinto,
el último de Suavestar, la banda de Yul Acri.
¿Por qué "Cómo conseguir chicas"?
Estuve muy cerca de todo el proceso de grabación. Es el
soundtrack de mi adolescencia. Tengo una conexión muy especial, muy
intensa con ese disco. Me identifica. Mi adolescencia fue muy
fuerte.
¿Por qué?
Yo a los 12, 13 años viví a full. Quemé etapas de una
manera muy violenta. Tenía muchos conflictos, me sentía abandonado,
no sabía quién era. Mis amigos tenían todos 19, 20 años. Tomaba
mucho ácido lisérgico en esa época. Yo creía que me divertía. Pero
todo lo que hacía eran síntomas de mi debilidad. A los 17 años tenía
una banda de heavy metal con unos amigos. Era todo muy drugs. Esa
etapa me marcó mucho. Me oscureció, me llenó de tics, me volvió
fóbico, hipersensible. Siempre fui de dejar que los fantasmas se
apoderen de mí.
¿Este disco vendría a ser una venganza contra aquella
oscuridad?
No, ninguna venganza. Este disco es un camino a la luz,
es salir a la cancha. Es decir: acá vengo yo. Prepárense.
Este disco va a ser un clásico Por María Rosa
Yorio
Estoy muy contenta como madre. Primero porque sé que él
está contento y después porque el disco es hermoso. Irradia belleza,
tiene buenas ideas y yo lo veo como una obra. Va a ser un clásico.
Me sorprendió porque lo escuché cuando ya estaba terminado. Yo a
Miguel siempre lo vi como un chico, un nene, que tocaba muy bien el
piano y cantaba. Pero aquí lo que se ve es un artista. Lo que hacía
con A Tirador Láser era muy bueno, pero esto es de él.En esas
canciones late él.
Es cierto que su voz tiene algunos modismos de Charly. Y
bueno... es así. También noto influencias de los discos que
escuchábamos cuando él era chico. Además yo, que soy cantante, en
todos estos años hablé mucho de la voz, de la postura de la voz, de
las articulaciones. Le mandaba mails gigantes con técnicas de
respiración... El se hacía como que no le interesaba pero muchas
cosas fueron quedando.
Otro de los cambios que veo en Miguel es que está más
relajado. Antes era un chico muy metido con la computadora, ahora
está más suelto. Tanto él, como yo, como Charly somos personas
delicadas, perfeccionistas, autoexigentes. Tenemos que cuidarnos
mucho de todo.
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