|
“Es la hora de proscribir a esta institución criminal”
“Me
divertí escribiendo el libro. No hay forma de tomar tanta
monstruosidad sin sentido del humor.”
Imagen:
Rafael Yohai
Por
Angel Berlanga
Que no
busca escandalizar, dice Fernando Vallejo, y que sería útil que los
seminaristas que todavía no tienen el cerebro lavado lean el libro
que acaba de publicar, La puta de Babilonia, una obra que planteará
disidencias de enfoque con la bibliografía escolástica. Una cita,
para empezar livianito, acerca de Tomás de Aquino; anota Vallejo que
la Suma teológica de este autor, a quien apoda “el Gordo”, es “la
más grande colección de paja y mierda que haya escrito nuestra
especie bípeda”. Difícil que esa definición le guste a Mariano
Grondona. Difícil, también, que el cardenal Bergoglio acepte su
invitación a debatir sobre el contenido del libro: “No se atreven
–dice el escritor–, porque la Iglesia está acostumbrada a sostener
que tiene la verdad, a imponerla por las buenas o las malas, como
hicieron en la Inquisición, quemando a quienes quisieron acusar de
brujería o herejía. Están acostumbrados a engañar, a obnubilar y a
embrollar, no a debatir”.
El
primer párrafo del libro de Vallejo es una contundente enumeración
de cargos contra la Iglesia de Roma, “la torturadora, la
falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala, la del Santo
Oficio y el Indice de los Libros Prohibidos”. Qué más: autora de las
Cruzadas, “detractora de la ciencia, enemiga de la verdad,
adulteradora de la historia”; “estafadora de viudas, cazadora de
herencias”, oscurantista, “reprimida, represora, mirona, fisgona”. Y
más: corrupta, hipócrita, antisemita, homofóbica, misógina,
“solapadora de Mussolini y de Hitler”. ¿Y hay más? Unas 310 páginas.
Las que van de 132 a 134 podrían ser útiles para compartir con los
testigos de Jehová que tocan el timbre: citas de la Biblia con
instrucciones para los casos en que debe liquidarse al prójimo. Cada
tanto Vallejo se despacha con una lista de cargos, por ítem:
¿“Descontroles sexuales de papas y cardenales”? Este, éste y éste.
¿Defensa de la esclavitud? En esta ocasión y en aquéllas. ¿Crímenes,
transas y acomodos para llegar a la banqueta de Pedro? Los
siguientes caballeros. A partir de un texto que va y viene en el
tiempo, sin divisiones por capítulos, sustentado en sólidos estudios
históricos, con esas andanadas de singular y agudísima irreverencia
que distinguen su forma de narrar, Vallejo escribió un libro capaz
de generar espanto, risa, asombro, admiración o indignación, pero
nunca indiferencia.
–¿Se
divirtió escribiendo el libro?
–Sí,
mucho. No hay forma de tomar tanta monstruosidad sin sentido del
humor.
–Fue
creyente, en algún momento.
–De niño
estudié con los salesianos, que son peores que los jesuitas. Son
terroríficos. Eran, porque ahora son casi una especie en extinción.
Teníamos clase de apologética y nos enseñaban a defender la religión
católica de todos, ateos, gnósticos, comunistas, protestantes.
Estaba entrenado, porque el que lo está para defender también lo
está para atacar.
–Anota que se va a cobrar las deudas. ¿Cuáles?
–Están
las personales, que las puedo olvidar fácil, aunque me
ensombrecieron la infancia con el terror al infierno, a las
confesiones sacrílegas, al pecado. Toda esta satanización del sexo;
el sexo, mientras no vaya destinado a la reproducción y no sea
violento, es inocente. Lo personal no importa tanto; lo que hiere es
la injuria y el desprecio por los animales que tuvo la Iglesia en
toda su historia. La defensa de los animales es mi causa. Digo los
superiores, los que tienen un sistema nervioso complejo, como los
mamíferos. Y Cristo, que no existió, pero el que conocemos a través
de esos evangelios, no tiene una palabra de amor por ellos. ¿Cómo
puede ser paradigma de lo humano un hombre tan ciego que no ve el
dolor de sus semejantes? El genoma del chimpancé coincide en el 99
por ciento con el nuestro: estamos muy emparentados.
–¿Usted plantea que Cristo no existió?
–No.
Existieron muchos Cristos, pero no el encarnado, el histórico que
pretende esta secta cristiana que se llamó católica y terminó
imponiéndose a las otras cuando estableció su alianza con el
emperador Constantino por el año 310. Por el 180 Celso escribió La
palabra verdadera, donde cuenta que eran muchas sectas: gnósticos,
ebionitas, docetistas. Pero antes del año 100 no hay cristianismo.
Nadie lo puede probar.
–¿Por
qué sobrevivió esta secta?
–Las
razones son muchas. Primero, se subdividió en infinidad de sectas.
Ofrecerle al ser humano la vida eterna y un cielo de premio y la
amenaza del infierno son dos razones muy poderosas, porque todos
queremos perdurar, nadie se quiere morir. Otra de las razones es su
contubernio, sobre todo la Iglesia occidental, con el poder. Su
historia empieza con el contubernio con Constantino, un genocida. Lo
que importa es determinar que no es una religión, y que plantea una
moralidad que no tiene.
–Ese
es el principal enfoque del libro.
–En
realidad se trata de un fanatismo con una historia manchada de
sangre, plagada de falsificaciones y calumnias, de cerrazón mortal;
provocaron la Edad Media, crearon la institución más monstruosa, la
Inquisición. Es una empresa asesina y criminal disfrazada de
religión. Y está durando más de la cuenta, es hora de que la
proscribamos en nuestros países. Si consideramos al nazismo, que
atropelló a la humanidad trece años, una empresa criminal, y hacer
su apología es un delito, ¿cómo vamos a seguir tolerando a una
institución con 1700 años de crímenes? Y sigue haciendo daño: sigue
siendo un parásito de la sociedad, no trabaja, vive de limosna.
Mientras existan el cristianismo y el Islam no hay esperanzas para
el ser humano en la Tierra.
–Dos
instituciones sagradas para mucha gente.
–Esa es
la venda que tiene en los ojos buena parte de la humanidad. A estos
fanatismos disfrazados de religión pertenece la mitad del género
humano. Creo que llegó la hora de decir basta, o nos vuelven a las
tinieblas medievales. De las que no salió el Islam, pese a que tiene
jet e Internet. El Papa disfruta de las ventajas de las tecnologías
modernas, que se dieron muy a su pesar, porque si alguien se opuso a
los avances de todo tipo, espirituales o materiales, fue la Iglesia.
–¿Cómo sería esta campaña para proscribirla?
–Denunciémosla, iniciemos el debate. Hagámoslo aquí, en
Latinoamérica, el continente más libre. Porque Europa y EE.UU. están
aterrorizados, vivieron guerras de religión y viven en un equilibrio
precario con distintos grupos radicales. Aquí somos homogéneos,
hablamos el mismo idioma –el portugués de Brasil es muy cercano– y
tenemos una sola religión, básicamente, que es la católica.
Planteemos la pelea aquí.
–Aquí, también, es donde hay más fieles cristianos.
–Sí, un
90 por ciento de la población latinoamericana es católica.
Planteemos el debate: éste es un libro riguroso y no está escrito
con el afán de escandalizar ni vender. Propongo que se debata en los
seminarios, donde los muchachos están todavía libres en el alma para
pensar. Si a alguien le interesa el tema es a ellos, porque les va
lo que sigue de la vida terrenal. Aún no tienen el lavado cerebral
completo. Por qué la Iglesia no manda a sus representantes para que
respondan este memorial de agravio, o el prontuario que es mi libro.
Podríamos sostener un debate público con el cardenal Bergoglio en
algún seminario.
–¿Tuvo reacciones de parte de la Iglesia?
–Nunca
responden. Pero eso es una respuesta: no pueden defenderse. Ellos
saben que es una historia de sangre y atropellos.
–El
Papa anterior le caía muy mal. ¿Qué le va pareciendo éste?
–Este
Papa es de una torpeza asombrosa. Su predecesor era un hombre
perverso y vanidoso, dañino como pocos, el gran avivador de la
hoguera de la paridera en un mundo superpoblado. En los 26 años de
pontificado de Wojtyla subió la población mundial a 2200 millones de
habitantes. Era un engañador de multitudes, de un rebaño imbécil. Y
este Ratzinger pasó de gran inquisidor a montarse impúdicamente en
el papado. Lo que vino a decir a Brasil es una estupidez, ya los
mismos católicos le recordaron a Fray Bartolomé de las Casas, que
denunció cómo la Iglesia arrasó, junto con los conquistadores, todas
las civilizaciones y culturas americanas. Este va de una torpeza a
otra.
–¿La
abolición del limbo es una torpeza?
–(Se
ríe.) Eso es muy grave: ¿dónde van a meter a todos los inocentes que
no pertenecieron al cristianismo porque vivieron antes de Cristo? El
limbo era tan necesario como el purgatorio; sin purgatorio no
hubiera habido indulgencias, eso que inventó Bonifacio VIII en 1300,
para sacar a los seres queridos de ahí mediante el pago de dinero a
la Iglesia. Junto con el infierno, para disuadir y aterrorizar, y el
cielo –el premio de vida eterna para una vida pasajera que es ésta,
porque no hay más–, el purgatorio y el limbo son instituciones clave
en esta empresa de engaños.
–¿Y
la idea de dar misa en latín?
–Eso es
imposible, es volver al pasado, embrollar las cosas escudándose en
una lengua que no conoce nadie. Cómo lo van a enseñar a los curas.
El latín que hablaban era el macarrónico, una lengua muerta tratando
de hacerla viva. Cómo van a traducir al latín los términos del mundo
moderno.
–¿Por
qué cree que plantean esto?
–¡Porque
es un hombre absurdo este señor Benedicto! Obcecado y necio. Estoy
sospechando que es un retardado mental, pese a su capacidad de
maldad y su habilidad política para llegar al gran puesto de la
cristiandad. Subió ahí como Putin de la KGB al Kremlin.
–Estará al tanto del apoyo de la Iglesia argentina a la dictadura.
–Siempre
fueron cómplices de los que están arriba. También fue cómplice de
Pinochet el cardenal Sedano, y luego pasó a ser secretario de Estado
del Vaticano.
–Un
represor declaró que los vuelos de la muerte habían sido aprobados
por la jerarquía eclesial como una forma “cristiana y poco
violenta”.
–Yo no
sé si la Iglesia se está volviendo compasiva, porque antes quemaba a
la gente viva. No sé qué será peor, si morirse ahogado en el mar,
tirado desde un avión, o quemado en la hoguera. Y más allá de su
participación directa o de su tolerancia hipócrita aquí, está clara
su participación en la Segunda Guerra. El Obispado alemán echó al
vuelo las campanas en honor a Hitler. Y el italiano estuvo con
Mussolini. Y el español, casi todo, con Franco. Son cómplices de
asesinos.
–Pero
usted reconocerá que hay curas de buena voluntad.
–Evidentemente. Pero de muy limitada capacidad mental.
–¿Por
qué cree que permanecen, entonces, en la Iglesia?
–Porque
no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que
no quiere oír. No hay forma de convencer al que se quiere obnubilar.
Es muy curioso y uno puede verlo en su propia familia: uno no puede
ni convencer a la gente más cercana, porque es una educación que
está ya en las neuronas, como si se hubiera metido con un cincel en
la cabeza.
–¿Y
eso qué efecto trae?
–La
inmensa mayoría de los católicos, o de los cristianos si queremos ir
más allá, es gente egoísta que vive para parir hijos y su
solidaridad termina ahí, con sus hijos. Y a veces ni eso, porque hay
infinidad de padres que tiran a sus hijos a la calle: América latina
está llena de eso. El ser humano es egoísta y tal vez no pueda dejar
de serlo, porque la mayoría vive agobiada por el horror de la vida,
estrecheces económicas, exceso de gente: todo el mundo está tratando
de sobrevivir, apenas. Por eso es imposible pedir generosidad al
conjunto.
–¿La
vida es sólo un horror, no tiene costados luminosos?
–No,
salvo que seamos profundamente egoístas. El que sepa que se están
muriendo millones de hambre en la Tierra de niños abandonados, o que
acuchillan a las vacas en los mataderos, y dice que es feliz, lo es
por egoísta. Y no pasa por dar una limosna a los pobres o un asilo a
los animales para quitarse el peso de la conciencia: si hay
generosidad verdadera, la vida no puede verse sino como un horror.
–¿Usted reniega de haber nacido?
–No
tiene caso renegar, es un hecho que nací, estoy, y esto va a
terminar dentro de poco, si no lo termino por mano propia... que a
lo mejor no es necesario, porque con alborotar a la horda musulmana
es más que suficiente para tener forma de salir. Pero no considero
que sea una experiencia digna de imponérsela a los demás. Es muy
difícil morirse, tan difícil como vivir; es muy traumático, porque
uno deja cosas aquí, de cariño, amor, que lo atan a uno.
–A
eso refería con lo de los otros costados.
–Sí, el
amor y la compasión, la misericordia. Claro. Pero con todo, está
claro que vamos todos hacia la muerte y el olvido. Hacia la vejez.
La vida es un paso breve y sin sentido, doloroso, absurdo. Y no
tenemos derecho a sacar a nadie de la paz de la nada para traerlo a
este lugar.
–Anotó en su libro: “Dios es odio”.
–“Dios
es amor”, dicen los protestantes. ¿Cómo puede ser amor alguien que
nos manda enfermedad, vejez, muerte, terremotos, sida, malaria,
tsunamis, hambrunas? Es una frase que usan los teleevangelistas,
esos engañatontos que están reemplazando a la Iglesia Católica en
América latina. Si existiera, Dios sería odio y maldad.
|