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El
Comandante Eutiquio Leal
Por Jorge
Eliécer Pardo
Al
principio de su vida se le conoció como Jorge Hernández, así lo bautizó su
madre, así lo arrulló su abuela Laura, a quien siempre admiró y puso en su
boca la sabiduría popular. Jorge Hernández nació en Chaparral, Tolima, el
12 de diciembre de 1928, una población al centro de Colombia que albergó
los primeros grupos rebeldes después del asesinato del líder liberal Jorge
Eliécer Gaitán, ocurrida en las calles de Bogotá, el 9 de abril de 1948.
Luego de
ejercer como jornalero, agente viajero, soldado raso, Hernández cursa
estudios para ser maestro, educador, pero los hechos del bogotazo, como se
conocieron los sucesos del 9 de abril, su incipiente militancia con el
partido comunista, lo llevaron a formar parte de los grupos insurgentes
del sur de Colombia. Así comienza una de las tantas guerras civiles de
Colombia, la de los años 50, reconocida como la de la Violencia que dejó
más de trescientos mil muertos, antesala de la guerra que se vive hoy, la
del narcotráfico, la guerrilla y el paramilitarismo.
Jorge
Hernández toma entonces el nombre de Comandante Olimpo, conocido por la
orientación intelectual que daba a la militancia porque se le veía con una
máquina de escribir olivetti y un mimeógrafo por la cordillera central de
Colombia. Aún se recitan sus versos, se entonan sus himnos y se le
recuerda con respeto. Muchas zonas, muchos combates, muertes y entierros
hasta cuando el Comandante Olimpo decide cambiar de trinchera y
apertrecharse en la literatura; así nace el escritor Eutiquio Leal,
amalgama del nombre de un héroe indígena comunista y el apelativo que
mejor puede llevar un hombre íntegro.
Periodista, profesor universitario, cuentista, novelista y poeta. Hombre
recio que, según dicen sus amigos más cercanos, tenía un corazón tierno,
lleno de sueños de igualdad, de mundos intrincados que siempre tuvieron
como luz el compromiso social del intelectual. Un escritor asumido, como
pocos en Colombia, ganador de muchos premios literarios con los que
construyó una enorme casa en Cali y educó a sus hijos.
Eutiquio
Leal crea en el país los talleres literarios que luego se
institucionalizarían en universidades, en Entidades culturales de
Colombia. Escribió y teorizó sobre esta herramienta para la creación que
muchos jóvenes encuentran como válida.
No puede
pensarse en el cuento colombiano sin que Eutiquio esté en las páginas de
las antologías. Bomba de tiempo, es quizá una de las mejores alegorías
sobre el sufrimiento de la guerra. Un relato válido para cualquier zona
del mundo en conflicto. La mujer que pare a su hijo en medio del
bombardeo, una semilla en medio del combate que es enterrada en silencio,
como una bomba de tiempo.
Sus
novelas han sido bien recibidas, especialmente Después de la noche y La
hora del Alcatraz, libros que los críticos han catalogado como
primordiales en la narrativa contemporánea moderna de Colombia.
Siempre
fue un hombre vital, de pelo largo entrecano, movimientos alegres y
criterios firmes, a veces obstinados. Vivió para la literatura y el amor,
sus mujeres lo recuerdan como un buen compañero aunque huraño unas veces y
extrovertido otras.
Murió en
Bogotá, dictando cuentos en medio de su inconciencia. Jugando con el
lenguaje, experimentando con la vida y la muerte. Su hija Dulima estaba
ahí observando cómo una nueva semilla salía de la tierra y volvía a la
tierra.
Jorge
Hernández murió. Eutiquio Leal sigue vivo en los libros que seguramente un
día serán valorados, reeditados y leídos por los hombres del siglo XXI.
Ahora en la neblina del tiempo discute cuentos y poemas con Carlos Arturo
Truque, ese otro escritor de las causas populares que lo esperó durante
muchos años en los espacios sagrados de la muerte.
Eutiquio
Leal: (1928 Chaparral – Tolima -1997 Bogotá D.C.), creador de los
Talleres Literarios en Colombia; a su muerte dirigía el Taller de
Escritores Gabriel García Márquez, fundado por él en el año 1982; como
escritor y académico fue un intelectual comprometido con las causas de su
pueblo, su militancia fue amplia y vigorosa, con el libro Trinitarias en
vez de terminar su obra, propone mediante un juego trimétrico una
exploración a un mundo poético de su inventiva y aún sin estudio.
Cedido
por Cronopios para ANL
pardojorge@cable.net.co
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