|
Ricardo León Peña-Villa
Cuidado Poeta Suelto
Por
Luis Henao Uribe

MANHATTAN – Caminando feliz por una calle de Queens, Ricardo ve a una
mujer y le pone una sonrisa en la cara por medio de un verso. En medio de
la Masa Alegre invita al curioso Sebastián, 3 años, a que toque el tambor.
En un recital enciende unas gafas con luces rojas y la audiencia celebra
la ocurrencia y se va a casa con más posibilidades de reír. Y así es en
Miami, así es en Manhattan, así es en Medellín.
“Ricardo como un recuerdo, León como una fiera, Peña como una roca y Villa
como una ciudad” (o incluso para la concurrencia angloparlante, Richard
Lion Stone-Village) es un poeta, y “eso es lo confesable, porque adentro
llevo un bandido sin retirar”.
Mil
Historias
Hijo
del Barrio Santa Lucía, en Medellín, Colombia, fue afectuosamente invitado
a la poesía por su mamá Imelda. No fue niño, sino niño-poeta. Desde muy
tempranito ya declamaba en el colegio y si alguno de ustedes hubiera ido
alguna vez al hotel Guadalajara de Buga, de pronto lo hubieran visto
abriendo el show al legendario comediante Montecristo, declamando los
poemas de Manuel Gutiérrez Nájera. ¿Qué otra cosa puede ser un niño-poeta
cuando crezca, que un poeta?
Lleva
casi dieciséis años –“tres vidas”- en New York, donde lo conocen como El
Poeta. No lo respaldan sólo los cuatro libros publicados (La Poesía
Como Recurso a la Soledad en New York, Tigre de Aries –edición
bilingüe-, Treintaitres, Decir New York: Testigo Propio; así
como numerosas antologías y publicaciones en revistas), sino que
Peña-Villa sabe vivir como poeta. Es de verso fácil y de acción. Reparte
amor y risa tanto a los que se topa en la calle (“dime una palabra y te
diré un verso”) como a los que llegan a su casa de puertas abiertas. Para
muchos es el amigo en New York, es la casa a visitar, donde siempre está
pasando algo.
Y es
que Peña-Villa siempre ha estado en el centro de la acción: ha sido
productor de el Festival de Cine Colombiano en New York, líder del
movimiento de vanguardia Puerta 10, organizador de la Marcha por la Paz en
Colombia, parte del Movimiento Nuyorican Poets Café. Hace poco lideró con
éxito un grupo de organizaciones que realizaron el Segundo Encuentro de
Nueva Poesía, el cual involucró a más de treinta jóvenes poetas que
leyeron en distintos eventos a lo largo de la ciudad. Así también a dejado
huella en sus estadías en Buenos Aires y en Puerto Rico, donde organizó el
Viequetón, protesta poética y pacífica contra la marina de guerra de los
Estados Unidos y a favor de los niños y mujeres que mueren por cáncer.
Hizo
parte del movimiento squatter, en el que unas dos mil quinientas
personas ocuparon cuarenta y cuatro edificios abandonados a principio de
la década de los noventa a lo largo de todo New York, sobretodo en el sur
del Bronx y en el Lower East Side. Lo mismo hizo con treinta y dos
terrenos baldíos que transformaron en jardines comunitarios. De esa
manera, luchando política y culturalmente contra la ciudad, la policía y
los propietarios, se hizo un lugar en el corazón de Manhattan, desde donde
hoy genera los múltiples movimientos culturales.
Hoy
vive en Umbrella House, su herencia y premio después de esos
años de lucha incansable. “Cuando llegamos, esto estaba lleno de agujas,
no tenía ventanas, no tenía techo. Tuvimos que reconstruir la escalera
para poder hacer el tejado”. Se dedicaba un día a la semana al trabajo por
el edificio, se trabajaba hombro con hombro. Puede que Umbrella no
sea parte de los cánones de la estética, pero quien va queda
indudablemente embrujado con tal testimonio de dedicación y camaradería.
Por
varios años incursionó en el oficio del periodismo en El Diario/La Prensa
donde alcanzó a recibir cuatro premios nacionales. Allí se hizo a un lugar
como cronista, en donde relataba los días de los ciudadanos comunes que,
de todas maneras, tenían historias no comunes qué contar.
Si bien
su oficio y sobrenombre es Poeta, Peña-Villa es un comprometido con la
palabra en todo sentido y con otras manifestaciones artísticas. Tiene
varias novelas en sus gavetas, ha hecho instalaciones y actualmente está
presentando su libro de cuentos: Loisaida, Historias del Frío. Allí
se reúnen las vivencias de los inviernos que, crudos, marcaron sus días de
squatter. La seducción como una forma de combatir el frío. Es un
libro bien preparado, sincero, que da cuenta de las mil historias que
Ricardo ha protagonizado y de las otras mil que ha sabido recoger en su
día a día en New York.
Así va
caminando Ricardo, haciendo la historia personal y la colectiva, siendo
cronista de esta metrópoli, poniendo la poesía en la calle. Y es ahí
cuando hay que decir: Cuidado Poeta Suelto.
|