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Carlos Garayar y otros peruanos
Por
Isaías Peña
Escritor
colombiano
En la
década del 60, cuando se suicidó, José María Arguedas dejó el
precedente de pertenecer a una literatura que ardía con las brasas
de su realidad. Una literatura tan compleja como sus cordilleras,
sus ríos y su mar, sus alturas indescifrables y sus olas
migratorias. Arguedas fue recogido, en el mejor momento, por Mario
Vargas Llosa, en todos los sentidos: continuó su indagación por el
Perú, y respaldó su obra que se alejaba del viejo y falso
indigenismo.
La
inmensa generación del 50, de narradores y poetas, con Julio Ramón
Ribeyro o Javier Sologuren, a la cabeza –no olvidar que Ribeyro es
anterior a Vargas Llosa, aunque su fama le haya llegado tarde-, y
luego tantos otros escritores –hoy ya olvidados algunos- que
continuaron la rica tradición literaria peruana en los 70s. –Eduardo
González Viaña, Bryce Echenique-, son, quizás, la antesala de la
racha de triunfos de algunos de ellos por estos días.
Blanca
Varela (1926), a la vez que sufría un accidente cerebral, ganaba la
XVI versión del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en
España, donde el año pasado le habían otorgado el Premio García
Lorca de Poesía, en Granada. Ese puente existe, de 1959, fue el
libro que desencadenó una vertiente profunda, íntima y conmovedora
de la poesía peruana. Sólo que Blanca Varela había rejuvenecido en
los últimos años, en lugar de envejecer. Así lo demostró en su
antología, Donde todo termina abre las alas (2001). Ella dijo alguna
vez: “toda la palidez inexplicable es el recuerdo”.
Alonso
Cueto, también limeño, de 1954, un narrador de tiempo completo, ha
sorprendido con dos premios en los dos últimos años: El Premio
Herralde, de la Editorial Anagrama, en 2005, con su novela La hora
azul, y el segundo premio de novela en el reciente concurso de Casa
de América y Planeta.
Santiago
Roncagliolo, el más joven de ellos (1975), hecho en el exterior,
como Mario, Bryce o Ribeyro, autor de un libro de cuentos
reconocido, Crecer es un oficio triste, ganó el último premio de
novela de la Editorial Alfaguara, con una elogiada novela, Abril
rojo.
Son
autores que sondean en la vida del Perú, de su vida pública o de sus
vericuetos íntimos.
Y ahora
se agrega una opera primera, editada por Alfaguara en Lima, llamada
El cielo sobre nosotros, de Carlos Garayar (Lima, 1949), profesor de
la Universidad de San Marcos, crítico, cuentista y antologista,
novela que nos acaba de llegar y que nos atrevemos a anunciar como
otro gran logro de la narrativa peruana.
De
Blanca Varela a Carlos Garayar, nombres que sacuden una tradición
múltiple, siempre buceando en ríos profundos.
isaias@coldecon.net.co
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